SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
DOMINGO 2º DE CUARESMA. 28.II.2010
1ª lectura: Génesis 15, 5-18: “El Señor hizo alianza con Abrán”.
Dios Padre da siempre el primer paso para mostrarnos su amor. Él se nos acerca cada vez más hasta alcanzar la firmeza que un pacto da a una relación de amor. Esta meta se llama “alianza”.
En el caso de Abrán la Biblia lo describe como una manifestación de amor sin condiciones, sin exigencia alguna, como si Dios no hubiese podido aguantar más sus ganas de acercarse al hombre y al mundo.
Sólo pidió una cosa a Abrán: que creciese y confiase. Para ello tenía que ponerse en camino hacia otra manera de estar en el mundo y de entender la vida. Abrán superó la prueba porque se fió de Dios y se puso en camino. Así es la fe, una confianza que pone en camino. Creer es crecer y caminar confiando en Dios.
Este mensaje de la fe, personificado en Abrán, ilumina la realidad de toda existencia. Crecemos cambiando a empujones de las circunstancias, de los años y de los demás. Crecer es avanzar en el peregrinaje, es dejar el anterior paisaje vital, afrontar nuevos retos impuestos por la vida, abrirse a la libertad y al gozo, confiar y alimentar la esperanza.
La fe nos presenta a Dios que se mete en la historia para acompañarla con amor, sufriendo con los hombres la peripecia del mal y manteniendo en su sitio el listón de los auténticos valores, aunque éstos dividan y provoquen persecución. Esta presencia de Dios a nuestro lado nos da el sentido de la vida.
Jesús fue el testigo de este gran amor de Dios. Proclamó con obras los valores y las consecuencias del amor del Padre y sufrió por ello persecución y muerte. El mundo no ha cambiado.
“Somos ciudadanos del cielo”. 2ª lectura: Filipenses 3,17-4,1.
Algunos de los nuestros ya entraron en la ciudad santa llamada Jerusalén celestial. Desde su cercanía de Dios nos siguen amando y acompañando fielmente.
Entre tanto, con la mirada puesta en el cielo, seguimos cada día gozando de la vida, creciendo en sabiduría , empujando la historia y dejándonos forjar por los trabajos a imagen de Jesús, nuestro guía y modelo. Nuestra esperanza se alimenta del amor que recibimos y del que intentamos dar. Este proceso “ va transformando nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa”, la de Jesús Resucitado.
Llorenç Tous
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