TERCER DOMINGO DE CUARESMA
DOMINGO 3º DE CUARESMA © 7.III.2010
Comentario a Éxodo 3, 1-15
“El sitio que pisas es terreno sagrado”. Éxodo 3,5.
Con los pies de los astronautas que pisaban por primera vez la luna, toda la humanidad avanzaba. Cuando Moisés descubrió a Dios Liberador, toda la historia dio un paso de gigante: el amor de Dios a todos los hombres se concretaba en la superación de toda esclavitud por voluntad del Creador y por el esfuerzo de los hombres. Éste es el mensaje de este pasaje simbólico.
Descubrir las cadenas que nos atenazan es el primer paso del proceso. Para verlas hay que abrir los ojos y despertar del sueño teológico o de la comodidad del nido. Los que salieron de él, sacudidos por u n vendaval, quedaron emplazados ante un reto: cambiar de residencia o morir. Los nidos protegen y dan calor, pero, si quedas dentro, impiden viajar con libertad. La comodidad junto con la rutina y la ignorancia además del miedo, nos envuelven en los nidos donde la esclavitud impide el crecimiento.
Moisés, sorprendido por Dios, se opuso a las consecuencias de su descubrimiento. Resistió tenazmente a la propuesta del Libertador hasta que finalmente se rindió. Dios tuvo paciencia con él, para que luego también él la tuviese con el pueblo y con el Faraón.
“Ni reconozco al Señor, ni dejaré marchar a los israelitas”. Éxodo 5,2.
El poder se sostiene indefinidamente mientras los súbditos aguanten. Su estrategia es darles comida con drogas para que ignoren su estado real y no se atrevan a liberarse.
Todo poder emborracha y corrompe; si es absoluto, corrompe absolutamente. Tendrán que morir muchas víctimas antes que la situación se invierta hacia la libertad.
Las primeras serán los que estén más lejos del nido porque se asomaron a otros horizontes. Serán los primeros que el Faraón de turno procurará comprar o suprimir, porque su voz y su mirada hablan de otro país libre donde los faraones no hay tronos para el faraón..
Estas víctimas tendrán en el pueblo anidado cómodamente, su primer enemigo al que podrán vencer, si antes han superado su personal resistencia a perder poder para seguir creciendo. Éste es el proceso que pudo superar Moisés, porque antes había renunciado a la comodidad de su vida de pastor en el desierto, para poder ser caudillo de un pueblo hacia la libertad.
El gozo de la libertad con todos sus maravillosos horizontes sólo podrá contagiarlo el que haya visitado y se haya instalado en la Tierra Prometida. El que siempre ha sido esclavo está a gusto en su situación, pues nunca nadie le ha convencido de que sea posible otra manera de vivir. Cuando intuye la novedad de un cambio y sus exigencias, se resiste con toda clase de argumentos para mantenerse en su desgracia. Algunos llegan hasta a negar la realidad, como si no fuesen verdad los latigazos de los capataces del faraón marcados en su propio cuerpo. Con tal de no perder una olla de comida al día, no les importa el precio que tienen que pagar por ello. No quieren creer en otra tierra que mana leche y miel. Mucho le interesa al faraón este drama que él bien conoce, pero cuida de presentarlo como la prosperidad de un país capaz de levantar admirables pirámides. No dice a qué precio.
Todos los caminos que conducen hacia la libertad están llenos de obstáculos desde sus
primeros pasos, de ahí que muchos hacen marcha atrás. Los israelitas para salir de Egipto pasaron hambre y sed, el mar les impedía avanzar; el faraón retractó su permiso y les atacó con todo su ejército. El pueblo, añorando su trabajo y su comida, se rebeló contra Moisés y contra Dios , pero Moisés estaba seguro de Dios y de si mismo: “Esos egipcios que estáis viendo hoy, no los volveréis a ver jamás”. Éxodo 14,13. Así fue, aunque el pueblo nunca aprendió la lección de que Dios estaba avanzando a su lado. Cuando esta lección finalmente se aprende, el camino va conduciéndonos con firmeza hacia la Tierra Prometida y enganchamos a otros hacia la misma meta.
El que empuja la historia hacia la libertad es Dios Libertador: “He visto la opresión de mi pueblo...me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos”. El descubrimiento de este Dios lo hizo Moisés para toda la humanidad y culminó en Jesús que nos mostró el verdadero rostro de Dios como Padre entrañable, preocupado por la felicidad de todos sus hijos, pero que nada puede hacer si nosotros no nos implicamos libremente en el proceso. Más tarde san Pablo lo formulará a su manera: “Habéis sido llamados a la libertad...servíos mutuamente por amor”. Gálatas 5,13.
Llorenç Tous
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