LA IGLESIA Y LA LUNA
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Tradicionalmente la Iglesia se ha autoconcebido como paradoja, de ahí la antigua expresión “casta meretrix”. También, al menos desde el siglo III, pertenece a la tradición comparar la Iglesia con la luna, las dos no refulgen con luz propia, la luna es desértica, pero sigue siendo luz para la tierra. No adoremos la luna por reflejar el sol ni la demonicemos por contar con arena. ¿Podemos continuar calificando de “santa” a la Iglesia después de los casos de pederastia? La iglesia primitiva, al atribuirse el adjetivo, no estaba basándose en la santidad de sus miembros, sino en la de su Señor.
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