LAS CUATRO PLEGARIAS
Como en anteriores vacaciones, también en las últimas, me llevé Biblia y poetas conmigo. Cuatro poemas, en especial, me han ayudado este verano en la oración vespertina.
1. Hay momentos, y hasta épocas, que podría definir como de búsqueda, entre apasionada y desesperada, de cielo y Dios. Me sentí identificado con el exquisito y no suficientemente conocido poeta Panero: “Todo mi corazón, ascua de hombre / inútil sin tu amor, sin ti vacío, / en la noche te busca, como un ciego / que extiende, al caminar / las manos llenas...” (Las manos ciegas, Leopoldo Panero).
2. Hay otros momentos en la oración que resultan todo lo contrario, no soy yo el buscador, más bien soy yo el buscado: “Sí, tú me buscas. / A veces en la noche yo te siento a mi lado, / que me acehas, que me quieres palpar, / y el alma se me agita con el terror y el sueño, / como una cabritilla, amarrada a una estaca / ... Torpemente, furiosamente, lleno de amor me buscas” (En la sombra, Dámaso Alonso).
3. El amor tiene momentos de búsqueda y asimismo momentos de cercanía y comunión: “Dios está aquí: lo palpo en mi bolsillo / lo siento en mi reloj”. “Me lo dobla el cristal, me lo devuelve / hecho yo mismo – Dios, perdón – su frío, / y no intento explicarme por qué envuelve / su cuerpo en este pobre traje mío” “Y aquí sigue: tan cerca, que me quemo...” (Dios encontrado, Carlos Murciano).
4. En la plegaria aún se viven otros momentos y sentimientos, experimentas el receso, la retirada de Dios, su contracción, una especie de fuga: “Esperáme, Señor, que vas huyendo, / Señor, a quien persigo, a quien requiero, / a quien busco en el valle y el otero, / por quien me abraso, para quien me enciendo”. “Espera sin huir que estoy cansado...” (Homenaje, Jaime Ferrán).
Las tardes en verano son largas, y largos son los caminos de la oración. Y dan para mucho. Dan para momentos de experimentar tu búsqueda de Dios, de experimentar a Dios buscándote a ti, de experimentar el abrazo conjunto de Dios y de ti, y cuando todo parece concluir con final feliz, parece que Dios se des-abraza y huye, quizá tan sólo por el placer de volver a empezar de nuevas la hermosa historia del amor común.
This article belongs to category: BAUZÀ BAUZÀ, JOAN


























