El baldaquino de Gaudí
EL BALDAQUINO DE GAUDÍ
Mirando el altar mayor de esta catedral, desde la nave central, si levantáis un poco la vista podréis contemplar el baldaquino del genial Antonio Gaudí. Son muchos los que preguntan, sorprendidos, por el significado de esta pieza magistral en arte religioso y teología litúrgica concentrada. Es una inmensa corona heptagonal colgada del techo e inclinada sobre el altar mayor, cuajada de simbolismos. Precisamente el baldaquino es símbolo del Espíritu Santo cuya venida invocamos dos veces en la Eucaristía: (1) sobre los dones del pan y del vino, para que Él los transforme en el Cuerpo y la Sangre del Resucitado; y (2) sobre la comunidad que va a participar de estos dones, para que también ella quede transformada en el Cuerpo único y sin división de Cristo Jesús.
Esta segunda invocación es claramente "pentecostal": lo que sucedió a aquella primitiva comunidad cuando bajó sobre ella la fuerza del Espíritu es lo que tendría que suceder en nuestras comunidades al celebrar la Eucaristía.
Es admirable la florida armonía con que el arquitecto Gaudí acumuló en este baldaquín diversos símbolos de la Eucaristía y del Espíritu Santo.
•- De la Eucaristía, las espigas de trigo y los racimos de uva con sus pámpanos y el sacrificio de la cruz en la parte frontal con Jesús crucificado flanqueado por la Virgen María y San Juan evangelista;
•- del Espíritu Santo, los siete lados de la corona como los siete dones del Espíritu Santo, el tapiz central evocando la sombra del Espíritu Santo que cubrió a la Virgen María (Lc 1, 35) y cubre al altar sobre el que vendrá Jesús, las iniciales del Espíritu Santo (en latín, Spiritus Sanctus) en la parte central de cada lado de la corona y las lenguas de fuego en la parte superior entre las los adornos poliédricos iluminados.
•- De la corona penden siete manos de lámparas (5 lámparas por 7 lados dan las 35 lámparas) que, al encontrarse con las 32 velas de los candelabros que circundan los cuatro ángeles músicos, realzan el sentido de fiesta litúrgica.
Un signo espectacular, grandioso y concentrado de la gracia que el Espíritu Santo concede a la comunidad que quiere celebrar y vivir plenamente la Eucaristía.
Mn. Joan Darder Brotat
deán - presidente
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