DOMINGO 06 A
DOMINGO 6º ORDINARIO (A). 13.II.2011
Comentario de llorenç Tous al evangelio: Mateo 5,17-37
¿Jesús exageraba? ¿Pide imposibles?
Esta evangelio es un conglomerado de sentencias que da la impresión de poca unidad y de excesiva exigencia. Para unificar de algún modo todo el mensaje, partamos del versículo 20, traducido más correctamente: “ Os digo que si vuestra justicia no supera a la de los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de Dios”. Aquí justicia significa lealtad o santidad. O sea, el grado de fidelidad con que vivimos el seguimiento de Jesús.
Los fariseos cumplían escrupulosamente la Ley de Moisés y todas sus derivaciones. Cumplida la Ley, se consideraban “justos”, o sea en correcta relación con Dios.
Su error estaba en detenerse en la Ley, sin que ésta les introdujese en una experiencia de Dios más personalizada y más profunda. La Ley con todos sus muchos flecos con que la tradición la había ampliado, de hecho era un obstáculo para encontrarse con Dios, porque había reducido el misterio a fórmulas y la moral a órdenes, pero no transformaba el corazón ni daba energía para dejarse invadir y salvar por el misterio de Dios Padre. Su religión era de hecho un negocio espiritual; ellos se ganaban su salvación y conseguían diferentes grados también en la recompensa, a cambio de sus obras según la Ley.
Jesús, al revelarnos el amor del Padre, ha destruido el negocio, abriendo otra puerta de acceso al misterio de Dios: ”El amor de Dios se infunde en nuestro corazón por el don del Espíritu Santo… No habéis recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos que nos permite clamar Abba, Padre. Romanos 5, 5; 8,15.
¿Estamos en la Ley o en la Gracia, en el Antiguo o en el Nuevo Testamento?
Todas las exigencias, aparentemente exageradas, que presenta el evangelio de hoy, resultan normales y fáciles para el que tenga la experiencia del amor de Dios que Jesús y su Espíritu nos ofrecen. Porque el amor de Dios, experimentado en la vida de una persona con fe, es una vivencia tan profunda, constante y salvadora, que llena de alegría y de esperanza. En la pequeñez de nuestro barro, Dios realiza grandezas; todos los buenos artistas crean obras geniales con materiales pobres.
Jesús es nuestro camino para acceder al misterio del Padre y superar así la Ley y el régimen del Antiguo Testamento. De hecho quedan aún muchos cristianos que profesan la religión de los fariseos; no tienen ellos toda la culpa, sino todo u n sistema religioso que hace más incapié en la ley que en el amor. Naturalmente para pasar del Antiguo Testamento al Nuevo, de Moisés a Jesús, hay que atreverse a amar y ser libre por Dios; hay que empeñarse en de la causa la libertad de un hijo que se siente miembro de la familia y responsable de la hacienda. No es un jornalero al que le dan órdenes a cumplir, sino una persona con responsabilidad y ganas de empeñar su vida en la noble causa del padre. Otra vez llegamos a la misma conclusión: necesitamos buscar de verdad a Dios y orar profundamente.
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