DOMINGO 9-A
Comentario al evangelio: Mateo 7,21-27
“-No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre”.
Algunos invocan el nombre de Dios y lo explican ampliamente, como aquellos Maestros de la Ley, perdidos en teorías más o menos abstractas. Es necesario hablar de Dios a grandes y pequeños, pero convertirse a Él es algo más que hablar de Él, es un paso más, arriesgado, salvador y transformante.
Para pronunciarlo correctamente, sigamos el ejemplo de Tomás, rendido ante el Resucitado cuando le dijo: “Señor mío y Dios mío”. La admiración ante el misterio es el primer paso de fe hacia la experiencia de Dios.
“Señor mío y Dios mío”, le dijo su Madre a Jesús al abrazarle resucitado. Aquel abrazo unía el cielo y la tierra, el misterio y la historia, la Madre con su Hijo.
Este misterio lo llevamos dentro, se desarrolla en nuestra historia personal y queda patente en los pobres y la injusticia del mundo. Dios con nosotros ante el mal y la salvación de Dios.
“Señor, Señor”, grita el peregrino de la fe. Este grito tiene su eco en la conducta del que ama y se compromete. Su fuerza le llega de Dios y le salva para que pueda salvar.”Invoqué el nombre del Señor:”Señor, salva mi vida”. Salmo 114, 4. El grito de la oración sincera nos abre el camino hacia Dios, desde lo real, tan real y humano como el día a día, como la muerte y la resurrección, siempre con la fe y la duda, la debilidad y la gracia.
Cuando la experiencia es profunda, tanto si es del barro quebrado como si es del cielo en la tierra, brota del fondo de nuestro ser creyente este grito: “ ¡Señor, Señor!”. ¿Quién no lo ha clamado o no lo ha escuchado de otro? Son experiencias que nos hacen crecer, nos identifican ante Dios y nos regalan su gracia. “Arrancó ni alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caida”. Salmo 114, 8.
Cuando el grito ya no es tal sino un mero siseo de los labios, se convierte en una rutina que adormece y profana el santo nombre. Se trata “de aquel hombre necio que dificó su casa sobre arena”. Las obras dirán si el grito es auténtico o una apariencia.
Llorenç Tous
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