2º DOMINGO DE PASCUA
2º DOMINGO DE PASCUA (A). 1 MAYO 2011
Comentario de Lorenzo Tous al evangelio: Juan 20,19-31
Este tiempo de Pascua nos introduce en el el proceso que siguieron los primeros testigos de la Resurrección de Jesús, para que cada uno de nosotros vaya avance hacia la misma meta: el encuentro con Jesús Resucitado.
Tenemos que dar los mismos pasos que dieron ellos pero con una ventaja de parte nuestra. Ellos no estaban tan preparados como nosotros para experimentar su nueva presencia salvadora. Tenían que romper un molde mental incrustado en todos los judíos: que la resurrección de la carne tendría lugar al final de los tiempos. En cambio la de Jesús ocurrió poco después de su muerte. Fue además la iluminación de todo lo que le habían escuchado y visto durante los años anteriores en su compañía. Jesús, al resucitar, les sorprendió con su nueva vida gloriosa y recibió ante ellos la nueva dimensión que ellos poco a poco formularon así: JESÚS VIVE! JESÚS ES EL SEÑOR! Ellos dejaron de ser sus amigos y se convirtieron en testigos de su grandeza y salvación.
Nosotros recibimos de la Iglesia el mensaje de esta Resurrección, proclamado durante siglos y recibido por la fe de tantos que en él han encontrado el sentido de la vida y de la muerte, de Dios y del hombre, de la historia y de cada día. Para alcanzar esa dichosa meta, hemos de poner de nuestra parte la fe. Sin ella no podríamos adentrarnos en este misterio salvador. La fe está acompañada de otras actitudes que los evangelios describen más o menos con este orden:
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1.Sorpresa |
2.Miedo |
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3.Huida |
4.Incredulidad |
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5.Duda |
6.Silencio |
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7.Desmantelamiento |
8. Espera |
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9.Signos |
10.FE |
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11. Iluminación |
12. Adoración |
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13. Alegría |
14.Fuerza |
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15. Profunda transformación |
16.Sentido nuevo y global |
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17. Compromiso |
18. Testigos |
Cada uno de estos pasos tiene su confirmación en los evangelios. Antes de llegar al profundo acto de fe, tuvieron que luchar con otros pensamientos y emociones; al mismo tiempo se preparaban para recibir de lo alto la luz que transformó sus vidas. Con la gracia de Dios y nuestra oración contemplativa y profunda, podemos alcanzar la misma meta que a ellos les transformó en testigos coherentes, alegres y contagiosos de la Resurrección. Cada uno tiene su propio ritmo para ir avanzando.
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