ASCENSION DEL SEÑOR
ASCENSIÓN DEL SEÑOR. 5.VI.2011
“Yo estoy con vosotros todos los días”. Evangelio.
El cristiano que integre de verdad en su día a día estas palabras de Jesús, será optimista, no temerá los retos del rápido cambio cultural de nuestra sociedad, no le importará pasar intemperies, inseguridades y hasta persecución de los suyos. Jesús resucitado ya dijo a sus apóstoles que no les dejaría desamparados y todos los que creemos en la oración experimentamos que “el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad”. Romanos 8,26.
Los signos de su presencia son perceptibles al que mira con fe la realidad de cada día. Por eso ante la novedad de tantos interrogantes, el amigo de Jesús confía y consigue la creatividad necesaria para ir respondiendo con humildad a los afanes y retos de cada día.
Los nuevos interrogantes que el mundo plantea a nuestra fe, nos exigen valor para escucharlos, sin cambiar las preguntas por radicales que sean. Escucharlas supone estar cerca, porque desde el casco antiguo de la ciudad no se conocen a los que habitan en los suburbios.
Estar en los márgenes de la sociedad es hoy una opción necesaria y liberadora. Quien se quede en el centro o en lo alto, no percibirá las demandas de nuestra sociedad; en cambio el que se sitúe extramuros, sentirá la necesidad de la propia conversión. Sin la protección de las murallas sociales o religiosas, que pueden ser ideas, verdades o costumbres, se respira un aire que muchas veces es un vendabal destructor de seguridades, porque el Espíritu no siempre se comunica por la suave brisa. “Ahora la humanidad entera está gimiendo con dolores de parto”. Romanos 8,22. Este Espíritu acude siempre con fidelidad al que desde su pobreza le busca con valor y confianza.
No basta superar la ignorancia o la indiferencia de nuestros tiempos. Se requiere además captar la verdad de la realidad y responder a sus exigencias, sin que nos frene la innata tendencia a someter la realidad a nuestras conveniencias dando un rodeo. El Maligno es mentiroso, se oculta con capa de bien y se mete a favor de la comodidad, la prudencia ante los riesgos o la justificación del cansancio.
Para el humilde creyente la realidad es sacramento de Dios y en ella podemos encontrarle, escucharle y seguirle, siempre que no manipulemos las realidades. Entonces su voz o su grito quedaría cambiado a tono con nuestra debilidad interesada. Otra vez nos engañaría el Maligno. Hay que tener el corazón limpio para ver a Dios.
La Ascensión del Señor nos inicia hoy en esta espiritualidad de lo real. Ésta no es evadida, sino la ruta del peregino de la fe en el mundo de hoy. En ella nos acompaña el Espíritu que Jesús nos prometió para conducirnos hacia la verdad.
La respuesta evangélica a la verdad en el mundo, descubierta por la fe, es la misericordia. Entonces podemos decirnos hijos de Dios, porque creemos en el amor que se traduce en las obras de la vida.
Llorenç Tous
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