SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD
SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD 19.VI.2011
“¡Silencio en su presencia todo el mundo!”. Habacuc 2, 20. Ante la obra del Creador, de la que apenas conocemos una pequeña parte, nos quedamos admirados de su belleza, de su poder y de su imaginación.
“ Cuando abrió el séptimo sello, se hizo en el cielo un silencio de media hora”. Apocalipsis 8, 1. El misterio de Dios no sólo se nos acerca en las maravillas de la creación, sino sobre todo en la persona de Jesús de Nazaret, en él Dios se nos ha acercado todo cuanto puede caber en nuestra limitada naturaleza.
“No perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”. Evangelio de hoy. “Los que creen en él”, son los que han dado el difícil paso de la fe. Difícil porque cuesta ver a Dios en la normalidad de la persona y en la misteriosa vida y muerte de Jesús. Difícil, si nos planteamos en serio el hecho del “Dios con nosotros”.
La fe supone humilde disponibilidad para aceptar el misterio, una actitud lógica si hemos caido en la cuenta de que también en cada uno de nosotros y en el mundo abunda el misterio.
Supone también haberse planteado las capacidades del Amor en mayúscula, cuyas huellas podemos vislumbrar en la historia de la humanidad y en la de cada uno de nosotros. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”. Evangelio de hoy.
Nos ayuda a creer en Él como enviado del Padre, el constatar en los evangelios y en la historia de la Iglesia, que todos los que se acercaban a Jesús y los que también hoy se encuentran de verdad con Él, experimentan la cercanía de Dios, que siempre es salvadora.
Después de la progresiva revelación de Dios, a medida de las capacidades del hombre, “en esta etapa final nos ha hablado por medio de un Hijo”. Hebreos 1,2. Los contemporáneos de Jesús de Nazaret pudieron vislumbrar el Espíritu de Dios que en él habitaba. Su novedad dejó perplejos a muchos; los pobres aceptaron la salvación recibida por medio de Él y creyeron; los sabios y entendidos, se reafirmaron en su seguridad y se cerraron al misterio del amor de Dios que en Él se hizo patente. Este drama continua hoy.
Para creer en Dios hay que estar introducidos en los misterios del amor. “Tanto amó Dios al mundo” y tanto sigue amándonos nuestro Padre del cielo, “pues Dios no da el Espíritu tasado”. Juan 3, 34.
Llorenç Tous
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