DOMINGO 15 A
15º DOMINGO (A). 10.VII.2011
Evangelio: Mateo 13, 1-23
Cuatro clases de terreno
La parábola describe la reacción de la tierra (el corazón) que recibe la semilla (la Palabra) y concreta cuatro situaciones distintas a la hora de cuantificar la cosecha (la salvación). Varios elementos, unos externos ajenos a la tierra, otros internos según la clase de terreno donde cae la semilla: los pájaros, las piedras, el diablo, la inconstancia, el sol, los cardos, la riqueza, las zarzas… La semilla es siempre la misma, la situación de la tierra no es siempre la misma… Al final queda constancia de que existe tierra buena que da el máximo, ciento.
Queda la pregunta: ¿Por qué estas diferencias? “Miran sin ver y escuchan sin oír…han cerrado los ojos para no ver con los ojos…ni entender con el corazón”. “¡Dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen!”. Ésta es la explicación que da la parábola.
Siguen nuevos interrogantes: ¿Por qué no quieren ver? Tal vez están encerrados en una mentalidad oscura, ignorante, insensible a la belleza. Tal vez no recibieron una correcta presentación del programa y no les interesó. O al contrario, les quedó muy claro lo que se les exigía y no estuvieron dispuestos a cambiar.
Queda siempre el misterio: ¿Por qué a veces la lluvia oportuna produce abundante cosecha y otras veces tanta lluvia la inunda y la pudre? El misterio de Dios y del hombre.
La esperanza tiene su fundamento en la vida que contiene la semilla, por diminuta que parezca, y en la capacidad de crecimiento que late en todo corazón humano. La acción del Espíritu es sorprendente y nunca falla, llena la tierra. Hasta los fracasos estimulan el crecimiento y la esperanza, cuando se ven con los ojos de Jesús. Los inviernos son necesarios para que otra primavera llene de vida y color la tierra.
Cansancios y esperanzas del sembrador.
“Maestro, hemos bregado toda la noche, sin cobrar nada; pero, ya que lo dices, echaré las redes”. Lucas 5,5. Sin la confianza en la tierra (en Dios) ningún labrador saldría a sembrar de nuevo. Ante la inapetencia de ciertos auditorios, uno piensa: ¿Se puede sembrar trigo en los hielos de la Antártida? “No echéis lo santo a los perros, no echéis vuestras perlas a los puercos”. Mateo 7,6.
“Yo os he enviado a cosechar donde no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros habéis entrado a aprovecharos de sus fatigas”. Juan, 4,38. Cada generación de apóstoles se encuentra con la fe que sus antepasados construyeron con los medios de los que disponían. Somos una cadena que tiene su primera anilla en los apóstoles, los primeros testigos de la resurrección de Jesús. Preparamos nuevos tiempos.
“Yo planté, Apolo regó, pero era Dios quien hacía crecer”. 1 Corintios 5, 6. Otro aspecto misterioso del proceso conseguido entre muchos, bendecido por Dios. Esta bendición produce muchas sorpresas. Cuando Cristóbal Colón trajo tomates y patatas de América, cambió la alimentación de todo el resto del mundo. Hechos parecidos ocurren en el Reino de Dios, aunque menos aparentes.
“Levantad la vista y observad los campos clareando ya para la cosecha”. Juan 4,35. Cuando aprendemos a ver con los ojos de Dios, que son los de la fe, siempre aparecen estímulos y posibilidades para el trabajo por el Reino de Dios. El secreto del sembrador está en que se sienta enviado, aunque desde su impotencia, por Jesús, sin buscar el éxito ni el triunfo personal. Lo fundamental es que haya integrado dentro de sí la Palabra. “La sentía dentro como fuego ardiente encerrado en los huesos”. Jeremías 20,9.
“El reinado de Dios se parece a un grano de mostaza”. Mateo 13, 31. Ni en el cuerpo humano, ni en la vida, ni en el Reino de Dios dejan de ser muy importantes las realidades aparentemente pequeñas.
SEMBRAR HOY
Nadie da lo que no tiene. Hoy más que nunca hace falta el estudio serio y la oración profunda a la hora de dar razón de nuestra fe. Sin esta preparación, es más honrado callar. El que quiere, busca y encuentra maestros, libros y tiempo. “El que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto.”. Escucharla palabra es orar; entenderla supone estudio serio. Si la semilla se pudrió por tenerla encerrada, no hay cosecha posible. “Si la sal pierde el gusto, ¿con qué la sazonarán?”. Mateo 5, 13.
La nueva sensibilidad y problemática del mundo es un excelente estímulo para dejar viejos hábitos que sirvieron pero que ya sólo sirven para alimentar añoranzas inútiles o la comodidad de los cobardes.
El hambre de verdad, de sentido y de coherencia es más fuerte que nunca. Quien la tenga se encontrará con muchos en su camino. Quien no la tenga que procure despertarla; entre tanto es mejor que se calle, pues hablaría para los muertos.
Disponemos de excelentes medios para hacer llegar semillas del evangelio de Jesús hasta el último rincón de la tierra. Nunca tuvimos tantas facilidades técnicas. No son lo más importante pero tampoco lo que menos.
Concretando, el panorama es para entusiasmarse en la siembra. Somos muchos más los obreros que en tiempos de los apóstoles. Tenemos medios técnicos mejores que nunca. Se cumplen hoy profecías antiguas: “Los pecados de sus profetas y los crímenes de sus sacerdotes…examinemos y revisemos nuestra conducta y volvamos al Señor”. Lamentaciones 4, 13; 3,40. ”Mirad que llegan días –oráculo del Señor- en que enviaré hambre al país: no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra del Señor”. Amós 8,11.
Llorenç Tous
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