DOMINGO 21 A
DOMINGO 21 (A). 21.VIII.2011
Comentario al Evangelio: Mateo 16, 13-20
“Jesús les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”
La respuesta de Pedro está formulada con una palabra que para él contenía todo el sentido positivo de que era capaz su mente y su corazón: el Mesías: “Tu eres el Mesías”.
Toda la historia del pueblo judío, al que pertenecía Pedro, fue un proceso que comenzó con una promesa de Dios a Abraham y a sus descendientes. A medida que seguía la historia, esta promesa se alimentaba con las intervenciones de los profetas ante las infidelidades del pueblo o las persecuciones y sufrimientos causados por otros pueblos.
La esperanza en la fidelidad de Dios hacía suspirar al piadoso judío por el cumplimiento de la promesa de Dios, reiterada a lo largo de los siglos. Los profetas la formulaban y la alimentaban como portadores de los mensajes de Dios. Sobre todo Isaías 53 y Ezequiel 47 son dos textos bellísimos que proclaman esta fe, de los que los evangelistas se han servido después, para proclamar la realización en Jesús de todas las promesas del Antiguo Testamento.
Ezequiel 47 merece un comentario. Bajo el altar del templo de Jerusalén brota una fuente cuyas aguas crecen de nivel a medida que se alejan, cruzan el desierto de Judá e inundan el mar Muerto. Sanean sus aguas, las llenan de peces y fecundan su ribera de tal manera que se cubren de árboles. Éstos fructifican doce veces al año y sus hojas son medicinales. El profeta quiso expresar con este símbolo la abundancia y las riquezas que aportaría la venida del Mesías.
Los evangelios proclaman que en Jesús se cumplen las promesas de Dios y Pedro confiesa esta fe en Jesús diciendo: “Tu eres el Mesías”. El Mesías es para Pedro la solución global de todo, o sea, el sentido de la promesa, su realización y el cambio que desde ella, recibe la historia personal y colectiva: la salvación.
Confesar hoy a Jesús “Mesías” pero con otras palabras, ¿cómo lo diríamos?
Nuestro mundo está más ansioso aún que el mundo de Pedro; los siglos de historia y el progreso humano han aumentado la necesidad de salvación. Pero se tiene otra conciencia de ello y esta necesidad se expresa con otro lenguaje. El deseo de paz, de justicia , de felicidad y de amor entre los hombres, está acrecentado por el dolor y la muerte, las guerras y la mentira con todo su séquito.
Lo que es Jesús para nosotros como Salvador, tendremos que decirlo con otras palabras, si bien, la experiencia o vivencia personal está en la misma onda que la de Pedro. Lo que Pedro quiso decir, nosotros lo podemos expresar así:
n Jesús es el recurso primero y último para toda clase de situaciones.
n Jesús es médico y sicólogo para todos los males.
n Jesús es meta, camino y guía para todo objetivo o proyecto en la vida.
n Jesús es luz, criterio y motivo ante cualquier situación.
n Jesús es arrimo, apoyo, acogida para toda necesidad o pena.
n Jesús es fuerza y energía para seguir creciendo frente a todo desgaste o cansancio.
n Jesús es el amigo seguro y fiel, amable, insobornable, eterno.
n Jesús es fuente de sorpresas maravillosas, impensables, riquísimas.
n Jesús es un tesoro secreto, un amor divino.
n Ante el problema del mal no tenemos una explicación s, pero con toda seguridad tenemos, gracias a Él, una nueva actitud que es respuesta razonable y eficaz, aunque persista el misterio.
n Jesús es el muerto que vive; al resucitar completó su manifestación de Dios y nos incorpora con Él a la familia del Padre.
n Su resurrección es primicia segura de la nuestra.
n Quien ve a Jesús ha visto al Padre. Quien conoce a Jesús, conoce al Padre. Quien ama a Jesús ama a los hombres y a la vida; de aquí brota su lucha para que todos la tengan vida feliz, como quiere Dios.
n El misterio de Jesús se presta al secuestro porque nuestra mente es pequeña y nuestra ignorancia, a veces culpable, le encadena; algunos intereses velan su rostro. Pero los limpios de corazón le ven y le siguen, porque el Espíritu conduce a los humildes que le buscan, hacia la verdad plena.
Llorenç Tous
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