DOMINGO 24 A
11.IX.2011
Comentario al evangelio: Mateo 18,21-25.
“¿No debías tu también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”
INCOHERENCIA E INJUSTICIA, éstas son las palabras que creo definen mejor el mensaje de este evangelio.
Cuando nos analizamos con sinceridad, aparecen las contradicciones de nuestro corazón y de nuestras obras. Estas incoherencias revisten de mentira nuestras palabras, reduciéndolas a mera apariencia.
Jesús pudo erigirse en “camino”, porque en él todo era verdad, en palabras y obras; de ahí venia su atracción para los buenos y su persecución desde los malos.
¿Cómo eliminar nuestras incoherencias? Acercándonos a Jesús para dejar que su verdad influya y ponga orden en nuestro interior y coherencia en nuestra conducta.
La cercanía del fuego, calienta; el contacto con el agua, nos limpia; la visión de la luz, se irradia y nos ilumina. La experiencia de Dios ordena todo nuestro ser.“Contempladlo, y quedaréis radiantes”. Salmo 33,6.
Todas las experiencias de Dios son vivencias de amor que serenan, enardecen, consuelan, juzgan y salvan. El gozo que producen es nuestra fortaleza, la que supera miedos y confirma en el camino.. La oración nos acerca a Dios produciéndose entonces una progresiva iluminación de nuestro interior y de toda realidad exterior. Esta luz irradia verdad y amor; ella nos descubre las incoherencias que en realidad son mentiras.
Como la aproximación al sol es una progresiva combustión, lo mismo sucede en este camino hacia Dios. Su gracia nos ayuda a ordenar las incoherencias que dependen de nuestra libertad y a mirar con ojos de amor las que no dependen de nosotros.
Ordenar las incoherencias y eliminar mentiras es un avance hacia la paz y armonía, como la que produce la verdad. Nace una fuente de alegría que rejuvenece nuestro espíritu y eleva el tono vital. Conseguir tanta paz y tanto gozo es motivo suficiente para declarar la guerra a toda mentira o incoherencia que descubramos en el corazón.
El proceso hacia la coherencia en Cristo no termina nunca, pero se consigue paz y alegría abundantes a medida que vamos creyendo en el amor de Dios y conseguimos perdonarnos a nosotros mismos. La alegría y la paz fomentan una buena dosis de humor que cumple una misión espiritual parecida a la del aceite en las cadenas de transmisión.
Llorenç Tous
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