DOMINGO 33 A
DOMINGO 33(A). 13.XI.2011
Comentario al evangelio: Mateo 25, 14-30
La parábola de los “talentos” nos habla de nuestra responsabilidad ante los dones que de Dios hemos recibido, los dones naturales y sobre todo el gran don de Jesús y la Palabra de Dios. Estos dones exigen un rendimiento, Dios quiere que los hagamos fructificar continuando su creación y extendiendo el amor. No pide a todos los mismo, sino que tiene en cuenta la variedad de dones y las diferentes capacidades de las personas. La parábola presenta a Dios como un señor que exige a sus criados una rendición de cuentas.
Se condena el miedo al riesgo o al fracaso que impiden intentar el éxito. La “rendición de cuentas” evoca el juicio final. La liturgia al ponernos este evangelio al final del año litúrgico, también insinúa el sentido del juicio que late en la parábola. Al final del año se trata de “rendir cuentas”. Algunos “tuvieron miedo” a un riguroso juicio de Dios cuando se les pedirá cuentas de los “talentos” recibidos.
Afortunadamente tenemos otro propietario de una empresa familiar, agropecuaria por más señas, el padre del hijo pródigo, que también es una imagen de Dios. En esta empresa hubo un “empleado inútil”, pero el empresario padre no sólo no le echó de casa, sino todo lo contrario.
¿Con qué imagen de Dios nos quedamos? La de la parábola de los talentos es exigente, pide responsabilidades, hasta infunde miedo. En otro propietario se preocupa más de cada hijo, que de las ganancias; es una imagen de ternura, de acogida, de tolerancia y de perdón a todo precio.
Después de acompañar en su Calvario a muchos padres de hijos drogadictos, a veces hasta después de su muerte en plena juventud, he descubierto hasta donde llega el amor de esos padres: sencillamente, no tiene fin ni límite. Entiendo que son una imagen viva y concreta del amor infinito de Dios.
Considero que la conducta del padre del hijo pródigo, anula el rigor del propietario de la parábola de hoy. Cuando aquel padre vio a lo lejos a su hijo harapiento y enfermo que regresaba al hogar, se enterneció, olvidó las pérdidas que había causado a la hacienda y su corazón de llenó de alegría festiva y contagiosa.
Ante esa estampa, ¡qué mal suenan estas palabras de la parábola de hoy!: ”se puso a ajustar cuentas…eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo…aquí tienes lo tuyo…empleado negligente y holgazán…quitadle el talento y dádselo al que tiene diez…a ese empleado inútil echadlo fuera…”.
Cuanto más nos acercamos a Dios más crece nuestra distancia, más evidente es nuestra pobreza, pero el amor es el puente que nos ayuda a pasar por encima de ella hasta ver de cerca el rostro del Amado. “Déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, porque es muy dulce tu voz, es hermosa tu figura…encontré el amor de mi alma.” Cantar de los Cantares 2, 14; 3, 4.
Ante la luz, el amor y la belleza del rostro de Dios, aunque visto de lejos,” nosotros reflejamos la gloria del Señor, nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; tal es el influjo del Espíritu del Señor”. 2 Corintios 3, 18. “En el amor no existe temor; al contrario, el amor acabado echa fuera el temor…quien siente temor, aun no está realizado en el amor”. 1 Juan 4, 18.
Llorenç Tous
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