La Seu, 15 d’agost de 2011
Queridos hermanos y hermanos todos, en especial queridos presidente y miembros del Capítol de la Seu, que hoy celebra la fiesta de la titular de este templo primero de nuestra Iglesia de Mallorca. Queridos hermanos también, los que quedáis de entre los peregrinos hacia Madrid, que habéis visitado en estos días previos nuestra Diócesis. La mayoría, como ya hemos dicho, fueron enviados en la misa de ayer en Binissalem, les confiamos la misión de proseguir el camino al encuentro del Santo Padre en la Jornada Mundial de la Juventud, pero los pocos que quedáis, sed bienvenidos a vuestra celebración y a vuestra casa, porque hoy celebramos con mucha alegría la gran solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los cielos.
De corazón os invito a que veáis y celebremos la Asunción de María como la máxima expresión del amor, de la predilección de Dios nuestro Señor hacia Ella. También para que contemplemos, tal como hemos visto en el evangelio de Lucas que acaba de ser proclamado, la gran relación que existe entre esa gracia grande que Dios realiza en Ella, desde la Concepción Inmaculada hasta ser Asunta al cielo, con la vida, con el quehacer, con el camino de María a lo largo de su existencia. Ella va a ser la primera en participar de la resurrección de su Hijo, el Autor de la vida. Ella será también, a lo largo de su vida, la primera discípula, aquella que seguirá con todo su ser lo que es el camino de su Hijo; estará unida a Él como nadie, vivirá el misterio de la salvación que su Hijo nos ha traído desde la Encarnación hasta la Cruz y Pentecostés, como en palabras maravillosas diremos en el prefacio de la misa: “En verdad, Señor, no quisiste que conociera la corrupción del sepulcro aquella que había llevado en su seno al Autor de la vida.” Señor, tú para nosotros la has convertido en figura y esperanza de lo que un día será tu Iglesia, peregrina todavía en la tierra, pero que un día, como María, llegará a participar de la resurrección conseguida en el misterio pascual por su Hijo, un día la gloria que María en la asunción ha recibido será participada por todo el Cuerpo que en María contempla la primicia de su glorificación.
Mirando el evangelio de hoy, vemos esa maravilla de referencia para nuestra vida cotidiana que es la Visitación de María a su prima Isabel. Ella, que podía haber quedado centrada después de la Anunciación en su nuevo estado, sabe, antes que nada, atender, descubrir, que Isabel la necesita. Se pone en camino, como dirá san Lucas, para servirla. María no quedará solo en un amor distante, hecho de conceptos y de palabras. María hará de su amor un servicio concreto, que desde Nazaret a Ain-Karem realiza. Viviremos aquella primera, en verdad, procesión del Corpus: María, sagrario del Altísimo, María, portadora de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, atravesando toda Palestina, que camina a servir, a dar ya, como hará su Hijo, la vida en servicio por los demás. María se convierte así en modelo de salir de sí mismo, de estar disponible, de entregarse. ¡Cuántas cosas nos dice esta imagen de María en la Visitación, en el camino de la entrega, para todos nosotros que vivimos en tiempo de crisis, de tantas necesidades!
Notemos también el marco de gozo, de alegría, que rodea a María en esa escena narrada por san Lucas, casi como un preludio de la Asunción: la luz, la alegría, las bendiciones, la confirmación de la fe de María por parte de Isabel vienen a ser el anuncio y preludio de su glorificación. Los mismos signos de alegría de Juan en el vientre de su madre nos indican que ya en María ha llegado la luz de la salvación con Jesús. Así Isabel, madre de Juan, dirá esas palabras fantásticas, sobre todo dignas de ser pensadas por nosotros que cada día celebramos la Eucaristía, en cada comunión que realizamos: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” ¿Quiénes somos nosotros, en cada Eucaristía, para recibir realmente como aquel día Isabel y Juan en María la presencia real de Jesús, salvador de todos nosotros, en un marco de gozo y de alabanza que anuncia y que prepara el cántico del magníficat, el cántico de María?
Evidentemente, en el evangelio, pocas palabras de María han sido recogidas. Este texto es el texto donde Ella habla más, donde tenemos más palabras de Ella, y lo ha dicho precisamente para pronunciar una plegaria, una oración de alabanza a Dios, para exultar ante Él y proclamar que el Todopoderoso ha hecho en Ella maravillas, que Dios, por pura misericordia, en Ella ha realizado maravillas, porque Ella, de corazón creyente, sencillo y abierto, ha dejado que Dios actúe en Ella, que haga su corazón nuevo y toda su existencia. Siempre que Dios ve que le dejamos actuar, siempre que encuentra a alguien disponible que se entrega con fe en sus manos, Dios realiza maravillas. Como en Simón Pedro, como en Pablo, Él realiza maravillas, hace ingente su manifestación en nuestras vidas. Hemos de dejar que Dios actúe en nuestra vida. Miremos si está presente constantemente en nuestra historia, es lo que en el magníficat María nos invita a mirar: Dios, protagonista de su vida, y Dios, protagonista de la historia de la salvación: Aquel que derriba a los orgullosos, Aquel que ensalza a los humildes, Aquel que es fiel, Aquel que cumple siempre sus promesas.
En estos días maravillosos y en este día en especial, en torno a María, cantemos como Ella al Señor y digamos de corazón en esta fiesta de la Asunción de María palabras de fe en nombre de nuestra Iglesia:
Maria, Senyora, ajudau-nos a seguir el vostre exemple d’amor, fet servei, de fe, feta confiança, d’humilitat, feta disponibilitat a la voluntat i a l’obra de Déu! Maria, Senyora, Mare de Déu Assumpta, sou per a nosaltres signe d’esperança, per la gràcia i misericòrdia de Déu, de poder anar al cel, de participar de la resurrecció del vostre Fill per la salvació aconseguida a tots els fills de Déu, com Vós, d’arribar a la llum de l’eternitat en què, Vós, Mare, ja viviu. Pregau per nosaltres, Maria, pel vostre poble de Mallorca, que aquests dies, en l’art de les vostres imatges, de les plantes aromàtiques, de les teles i ornamentacions monumentals, vos vol venerar. Que la fe en el vostre Fill, en el cel, on vós ja sou, no es perdi a Mallorca! Visca per sempre en aquesta terra vostra la llum i l’esperança que és la vostra Assumpció! Així sia.