Dedicación
El año 1346, el obispo Berenguer Batle inauguró solemnemente el culto divino en la cabecera nueva de la Catedral que se estaba construyendo, y desde entonces "la Seu" reúne a los fieles en asamblea alrededor de la cátedra de su padre y pastor.
FIESTA DE LA DEDICACIÓN: 1 de octubre -
Texto de Héctor Aguer

Los primeros cristianos no poseyeron lugares específicos de culto. Los fieles de Jerusalén frecuentaron el templo hasta su destrucción en el año 70 y antes y después de esa fecha las sinagogas eran, para judíos y prosélitos que adherían a Cristo, un ámbito habitual de oración. Desde el principio, en cambio, la ruptura fue total con los templos paganos y los sacrificios y comidas sagradas que en ellos se ofrecían. Para la plegaria en común y la fracción del pan bastaba la casa de un hermano en la fe, puesta a disposición de la pequeña grey que ya recibía el nombre de Iglesia. Todos sus miembros reconocían que el verdadero templo es el Cuerpo de Cristo, identificado con la comunidad local y universal de los creyentes.
Cuando la paz constantiniana puso fin a las atroces persecuciones que se escalonaron durante más de dos siglos, surgieron por todas partes las basílicas cristianas, consagradas a la celebración de los misterios mediante el rito solemne de la Dedicación. Enkáinia era el nombre griego, con raíces en el Antiguo Testamento, que designaba a estas fiestas de inauguración de un nuevo templo; nuevo templo sobre todo porque estaba destinado a la manifestación de la novedad de Cristo. El historiador Eusebio de Cesarea señala que había fiestas de dedicación en todas las ciudades, consagraciones de iglesias recién construidas, asambleas de obispos reunidos con ese fin, concurrencia de fieles venidos de lejos y de todas partes, sentimientos de amistad entre poblaciones diversas, unión de los miembros del cuerpo de Cristo en una sola armonía de hombres reunidos. El mismo autor describe el regocijo de estas espléndidas fiestas del pueblo de Dios: varones y mujeres de todas las edades, con todas sus energías, sonrientes en su espíritu y en su alma, glorificaban al Señor con plegarias y acciones de gracias (Hist. Ecles. X, III, 1, 4; IV, 71).
El gozo de dedicación de una iglesia se prolonga y actualiza en la celebración de su aniversario.


























