LA SEO EN CARTAS DESDE MALLORCA
¿Cómo podría llevar hasta su mente algo tan digno de ser contemplado? Para comenzar, le diré que está situada sobre las antiguas murallas, edificadas junto a la misma orilla del Mar Mediterráneo y constantemente acariciadas por sus olas. Ya le dije cuán hermosa era su tonalidad ambarina, dulcificada por los siglos. Una gigantesca masa de piedra con alados arbotantes e innumerables agujas, y contrafuertes laterales tan anchos y sólidos como para desafiar al mismo tiempo, pese a las centurias transcurridas.
Hay una sola torre sobre la puerta del norte, que se ve' poco desde lejos, ya que su altura es escasa. Tiene unas estrechas ventanas ojivales y una galería abierta, y parece menos severa que el resto del edificio. El conjunto de este pequeño ángulo –la puerta del norte, la torre y una pintoresca casa eclesiástica adosad a ella - forma un hermoso y llamativo cuadro. Pero algunos de los arbotantes y ventanas han sido tapados e inutilizados, restando belleza al conjunto.
La catedral fue comenzada en el siglo trece, inmediatamente después de la conquista de Mallorca, y terminada al final del dieciséis, aunque le falta algo para llegar a ser una obra perfecta. Tiene toda ella un curioso aspecto de cosa inacabada, como un deseo de altura y grandeza planeando sobre sus bóvedas. Los pináculos parecen pequeños y triviales comparados con la inmensa mole que coronan. La vieja torre es muy hermosa, pero se la ve muy poco. Ésta es mi opinión, aunque quizás el arquitecto que edificara esta enorme iglesia estuviera en lo cierto, y no yo.
El interior es de un gótico puro, sencillo y severo. Se le conoce como gótico mallorquín, un estilo especial perteneciente a Mallorca. Hubo aquí una escuela artística que se dice influyó mucho en la arquitectura española.
Al entrar en la catedral se siente uno pasmado, no por su belleza, sino por sus inmensas dimensiones. Es hermosa, pero ello se constata más tarde. Viniendo de Barcelona, con la impresión reciente de su catedral, la de Palma, a primera vista, parece repeler por su severidad. La de Barcelona es, sencillamente, un sueño. Es un gótico refinado, lleno de riqueza de detalles. No puede ser imitado, ni imaginado, ni superado. La de Palma no tiene nada de todo ello, pero es infinitamente mayor, y más elevada. Algo impresionante es la tonalidad que la envuelve, debido, sin duda, a su matizada luz.
El efecto que causa su inmenso volumen se acrecienta por el hecho de poderla contemplar de golpe, totalmente a la primera ojeada. Al principio semeja un poco vacía, pero esto le añade también grandeza y majestad. Muchas de las catedrales españolas están tan divididas y cortadas por arcos, naves, capillas, sepulcros y elevados altares que toda su grandeza se disimula y son necesarias numerosas visitas para tener una idea clara y aproximada del conjunto. Me acuerdo especialmente de la de Santiago.
La forma de la catedral de Palma es rectangular. Sus dimensiones, incluyendo las capillas laterales, son de 190 pies, y sin ellas, 147. Tiene 247 pies de longitud y unos 150 de altura. Imagine estas dimensiones y piense en el efecto que causan a la primera ojeada. Las columnas son octogonales, sencillas y esbeltísimas. Son una maravilla arquitectónica y probablemente única, ya que debe ser difícil encontrar pilares de tan asombrosa altura descansando sobre bases tan pequeñas. El efecto de algo tan maravillosamente logrado es espléndido.
H. C., con sus vastos conocimientos sobre estas materias, estaba simplemente atónito. Primeramente pensé que iba a prorrumpir en exclamaciones admirativas, pero, afortunadamente, la reacción que tal maravilla produjo en él fue la opuesta; le dejó sin habla. Actualmente, las compuertas de su elocuencia se han abierto de nuevo y me he visto inundado por un discurso sobre arquitectura mallorquina, con ilustraciones de Palma incluidas, que me ha proporcionado un fuerte dolor de cabeza. Il fout souffrir pour être aimable.
Permanecer en el lado oeste, de espaldas a la puerta, y mirando hacia el centro de la nave, es algo tan impresionante como poco corriente. El espacio y la oscuridad son vastos, solemnes y misteriosos. Los pasos se pierden sobre el pavimento. Hombres y mujeres parecen pigmeos, fantasmas que se diluyen a Jo lejos. Las columnas trepan hacia lo alto, perdidas en el inmenso espacio, parecidas a delgadas flechas. Los arcos apuntados que sostienen son bellísimos, y los ojos descansan con placer sobre tanta hermosa severidad.
Los arcos de las naves laterales contribuyen también al efecto general. Las apuntadas bóvedas se pierden casi en la oscuridad. Las ventanas de ambos lados son pequeñas, dejando pasar solamente esa reducida y religiosa claridad sin la cual ninguna catedral de estas latitudes parece estar completa. La oscuridad aumenta la belleza del gran rosetón abierto sobre el coro, con estañados y antiguos cristales. Es una visión caleidoscópica entre la penumbra, dispersada sólo de forma parcial durante ciertas horas de la mañana, cuando los rayos del sol penetran a través de los altos ventanales y caen, como largas ráfagas de luz, sobre las columnas y los arcos, el pavimento y las capillas laterales, infundiendo un cierto calor vital a algo generalmente frío, solitario y umbroso. Hay otro rosetón más pequeño sobre el altar mayor, pero los cristales no son tan antiguos ni bellos como los del que está sobre el coro.
El coro, en el centro de la nave principal, tiene unos hermosos y antiguos sitiales tallados en madera de nogal y dos púlpitos, también tallados, en los extremos norte y sur, del siglo XVI. Con gran discernimiento, no se les dio altura, y, así, no estorban en modo alguno la vista total del interior.
A la .izquierda está el gran órgano. Lo escuché esta tarde, y no deseo oírlo de nuevo. Es algo lamentable." Un buen instrumento, en tan inmenso edificio, hubiera causado una gran impresión a los oyentes. Cuelga de él una cabeza de moro, tallada en madera, con sus barbas, su turbante y su aspecto repelente, como si estuviera recién separada del tronco. Hay otras parecidas en muchas catedrales españolas, aunque no en la de Barcelona. Me pareció un resto de barbarie.
Junto al órgano hay una puerta que conduce a la Capilla Real, la parte más elevada de la catedral, bajo la torre. Está vacía y en desuso, pero ricamente decorada, con una galería de madera defina labor morisca.
Una puerta lateral lleva al claustro. Es pequeño y poco interesante. Esbeltas columnas sostienen unos arcos románicos y una techumbre de tejas, con habitaciones debajo, sin duda en desuso por parte de los eclesiásticos. En el centro hay uno de esos pozos con herrajes pintorescos y tan frecuentes en Palma. Desde el ángulo noroeste se contempla una hermosa panorámica de un lado de la catedral y la torre, con el claustro más abajo. H.C. se sintió muy impresionado por ella, y piensa dibujarla.
He empleado la palabra «solitaria» en relación con la catedral de Palma, y pienso que está bien elegida, ya que expresa con exactitud el efecto que me produce. Es un edificio generalmente vacío, salvo durante los oficios. Su gran tamaño se ve aumentado por la oscuridad, ya que parte de ella permanece siempre en penumbra. Se siente uno desolado y solo. Este gran monumento, como las montañas, está lejos de nosotros por su tamaño y majestad.
Extracto del libro "Cartas desde Mallorca" de CH. W. Wood




























