LA RADIODIFUSIÓN CATÓLICA
I.- Iglesia y nuevas tecnologías
El último gran medio – cronológicamente hablando – de comunicación social es Internet. La página web vaticana1 se halla, según los listados realizados por Netcraft Service2, entre los primeros cien “lugares” más visitados del mundo, con mucha frecuencia hacia el lugar ochenta, teniendo en cuenta que muchos de los que lo preceden no tienen carácter editorial, sino que son motores de búsqueda. La misa funeral de Juan Pablo II fue seguida a través de la web por 1.300.000 personas.
La Iglesia católica de América Latina, en su página web3, tiene una colosal red de comunicación entre todas sus iglesias particulares y abierta al mundo, constituyéndose ella misma en una de las respuestas más positivas a la llamada “infopobreza” mundial. La Iglesia Católica de Mallorca tiene abierta al mundo su propia web4, diariamente actualizada.
La labor de la Iglesia católica en el mundo de Internet puede ser analizada a través de la web del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales.
Unos años antes de la irrupción de las comunicaciones a través de la red, se creó en 1983 el CTV o Centro Televisivo Vaticano, que, a diferencia de la radio, no es un canal de televisión propio sino un centro que mantiene dos vertientes bien definidas: un motor de producción que distribuye a todo el orbe los acontecimientos papales, como el Ángelus de los domingos, las audiencias públicas de los miércoles y las grandes celebraciones litúrgicas que llegan a sumar unos 130 acontecimientos anuales y que acostumbra transmitir en coproducción con la RAI o, fuera de Italia,con otras televisiones nacionales, cediendo a menudo el comentario a la entidad televisiva que transmite el servicio y, por otra parte, es también un archivo inmenso que conserva muchos de los grandes acontecimientos eclesiales, desde 1984 de una manera prácticamente exhaustiva.
II.- Los Papas y los medios de comunicación
La ocupación actual de espacios en Internet es un fruto más de la preocupación que la Iglesia ha tenido para que el anuncio del cual es portadora se realizara siempre, por todo, con todos los medios a disposición. En la Biblia, Yavé se manifiesta fundamentalmente a través de la palabra y de la imagen, el verbo y el icono. Jesús evangelizó a través de palabras, gestos y obras.
La tradición – acto por el cual uno entrega lo que tiene a otro – ha gozado de unos sistemas múltiples y variados. El mensaje cristiano ha sido transmitido a través del papiro, el códice el manuscrito, el libro, el periódico, etc. Utilizando la imprenta, la fotografía, el cine, los audiovisuales, la informática, etc. Lo ha hecho en el ágora, la biblioteca, la universidad, peregrinaciones – pensemos en el Camino de Santiago -, en las edificaciones – pensemos en la catedral gótica. La Iglesia ha transmitido a través de todas las artes: pintura, escultura, danza, teatro, etc. No por casualidad la Iglesia ha sido la mayor biblioteca del mundo y la mayor conservadora de patrimonio que la historia ha conocido.
La prensa fue el primer gran medio moderno de comunicación. La Santa Sede fundó el diario L’Osservatore Romano5 el primero de julio de 1861, y tiene ediciones semanales en siete idiomas, entre los cuales, desde 1969, el español. En 1908 fundó Acta Apostolicae Sedis (AAS)6 en donde se publican los decretos y las cartas encíclicas del Papa, las decisiones de las Congregaciones romanas y los nombramientos eclesiásticos.
La historia de los últimos pontificados muestra las preocupaciones y las decisiones de la Iglesia católica respecto a la evangelización a través de los nuevos medios que la técnica va poniendo al alcance de quienes comunican.
León XIII (1903-1014) contempla como tienen lugar grandes acontecimientos frutos de descubrimientos técnicos: Hertz y las ondas electromagnéticas (1888), Lumière y el cine (1895), Marconi y la telegrafía sin hilos (1895). Este papa actualizará el famoso Índice de los libros censurados, abrirá a la investigación los archivos vaticanos y favorecerá la formación de las primeras oficinas diocesanas de prensa (Etsi nos, 1882).
Pío X (1903-1914) en una Carta al Cardenal Ferrari, en 1911, vislumbra la importancia pastoral de los periódicos. Prescribe la censura contra las publicaciones que atacan la fe y las buenas costumbres.
Benedicto XV (1914-1922), sacudido por los efectos letales de la I Guerra Mundial, solicitará a los periódicos católicos “entrañas de misericordia, absteniéndose no sólo de la acusación falsa, sinó de cualquier intemperancia e injuria en las palabras” (Pacem Dei munus, 1920).
Pío XI (1922-1939) bendice Radio Vaticana en 1931, y firma, en 1936, la encíclica Vigilanti cura dedicada a la importancia, el poder y el impacto del cine.
Pío XII (1939-1958) escribe la primera encíclica que trata con extensión el tema monográfico de los medios de comunicación (Miranda prorsus, 1957), en la cual contempla el cine, la radio y la televisión con la doble perspectiva de criaturas de Dios e instrumentos de evangelización. Al año siguiente, declara Santa Clara patrona de televisión.7
Juan XXIII (1958-1963) fue sacerdote colaborador de L'eco di Bergamo. La atención al periodismo se deja notar en diferentes alocuciones, entre las cuales, la de 1960 A la Unión Católica de la prensa Italiana. Erige el mismo año la Comisión Pontificia para las Comunicaciones Sociales.
Pablo VI (1963-1978) firma, en 1963, el decreto conciliar Inter Mirifica sobre comunicaciones sociales. El 2 de abril de 1964 dota de carácter de perpetuidad la Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales, a la que confía “los problemas relativos a la radio, la televisión y la prensa diaria y periódica”8 y la puesta en práctica de las resoluciones conciliares. En 1971 la Pontificia Comisión ofrece su primer trabajo, la instrucción pastoral Communio et Progressio sobre los medios de comunicación, una labor llevada a término por mandato especial del Concilio Ecuménico Vaticano II, y que el papa aprueba.
Juan Pablo I (1978) en la primera semana del pontificado, el viernes 1 de septiembre de 1978, hace un discurso a los representantes de la prensa y de los medios audiovisuales,. A partir de la lectura atenta del breve y lúcido discurso, tan de circunstancias - agradece los sacrificios afrontados durante el mes de agosto para servir a la opinión pública mundial los acontecimientos de la muerte de Pablo VI y su propia elección - como lleno de contenido, cabe preguntarse qué habría pasado si se hubiera prolongado en el tiempo quien sólo duró treinta y tres días como Papa. Después de indicar la meta ideal del profesional del periodismo - llegar a través de la comunicación a la comunión -, asegura que es precisamente ésta la meta ideal que persigue él mismo como Vicario de Aquel que nos enseñó a invocar a Dios como Padre de todos. Y acaba su intervención estableciendo lo que yo llamaría un “pacto de caballeros” entre ellos, los periodistas, y él, Papa. Viene a decir: a) yo os aseguro la estima que siento a vuestra profesión, b) prometo facilitaros el ejercicio de vuestra misión informativa. Vosotros, que tendréis que comentar a veces el ejercicio de mi minesterio, hacedlo con: a) amor a la verdad, b) respeto a la dignidad humana. Es posible que no se pueda pedir menos y tampoco más a la finalidad de toda comunicación social.
Juan Pablo II (1978-2005), en el vigésimo aniversario de la Communio et Progressio, aprobó en 1992 la instrucción pastoral Aetatis novae sobre las comunicaciones sociales en la que aborda los nuevos contextos culturales, sociales y políticos, la labor de las comunicaciones, los nuevos retos, las prioridades pastorales y la necesidad de una planificación pastoral. Después publica múltiples documentos con motivo de las sucesivas Jornadas Mundiales, y la Carta Apostólica a los responsables de las comunicaciones sociales firmada el 24 de enero de 2005, fiesta de san Francisco de Sales, patrón de los periodistas.
Benedicto XVI (2005- ), el 4 de mayo de 2008, en el mensaje de la 42ª Jornada mundial de las comunicaciones sociales, reconoce que no existe ámbito de la experiencia humana, más si consideramos el fenómeno de la globalización, en que los medios no se hayan convertido en parte constitutiva de las relaciones interpersonales y de los procesos sociales, económicos, políticos y religiosos. Y el 20 de julio de 2008, en el discurso a los participantes en el congreso internacional de responsables de radios católicas, afirma: “La radio plantea una proximidad y una escucha de la palabra y de la música con vistas a informar y a entretener, a anunciar y a denunciar, pero siempre en el respeto a la realidad y desde una perspectiva clara de educación en la verdad y en la esperanza”.
III. - Documentos fruto del Concilio Vaticano II.
El documento del Concilio sobre las comunicaciones sociales es Inter Mirifica de 1963. Este importante documento no sólo imparte doctrina sobre la materia, sino que ordena dos operaciones bien precisas. Una, en el número 18: “Ha de celebrarse cada año en todas las diócesis del mundo una jornada que ilustre a los fieles sobre sus deberes respecto a las comunicaciones sociales”. Dos: en el número 23: “Que sea publicada una instrucción pastoral que desarrolle los principios doctrinales y las normas pastorales” pertinentes, relativos a los medios de comunicación.
Fruto del primer mandato mencionado fue la instrucción pastoral Communio et Progressio. Fruto del segundo mandato fueron las Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales.
A. Communio et progressio
El Concilio trató en diversos documentos el tema de las comunicaciones sociales, especialmente en la constitución pastoral sobre la Iglesia en relación con el mundo9, en el decreto sobre el ecumenismo10, en la declaración sobre libertad religiosa,11 en el decreto sobre las misiones12 y sobre todo en el dedicado por completo a los medios de comunicación, el decreto Inter Mirifica,13 fruto específico del cual es la instrucción pastoral Communio et Progressio preparada por la Pontificia Comisión para los Medios de Comunicación Social y aprobada por el papa Pablo VI, en fecha de 18 de mayo de 1971, con el objetivo de desarrollar los principios doctrinales y las normas pastorales sin entrar en puntos concretos sólo determinables según las circunstancias de cada momento y lugar.
Los medios de comunicación empezaron a jugar un fuerte papel en la sociedad a partir del siglo XVIII cuando fue reconocida la libertad de prensa, más aún cuando en el siglo XIX fue inscrita en las constituciones de los Estados modernos y más aún cuando fue inscrita en 1948 por la Asamblea general de las Naciones Unidas en la Declaración universal de los derechos humanos.
El documento, al mismo tiempo que sostiene la necesidad social de los medios, sostiene la necesidad de la libertad de expresión en éstos, como también la libre confrontación de opiniones como requisitos para la formación recta y exacta de la opinión pública. Como el nombre del decreto indica, tanto la comunión como el progreso son los fines principales de la comunicación social. Y en razón de esta primera y primordial afirmación, los medios son juzgados como necesarios para las cada vez más frecuentes relaciones y diversificadas labores de nuestra sociedad. Además, revelan los interrogantes y las esperanzas de la colectividad humana y los caminos para darles respuesta. Concretamente, habla de la radio el número 148 del Decreto, reconoce que los progresos técnicos la han liberado de los límites de lugar y tiempo haciendo así realidad la superación de las viejas fronteras de los pueblos y de las culturas. Y reconoce, en el número 157, que las naciones en las cuales la Iglesia no tiene acceso a los medios de comunicación, la audición de emisoras religiosas es el único medio de que disponen los cristianos para informarse de la vida de toda la Iglesia y escuchar la palabra de Dios.
B. Jornadas mundiales
Las Jornadas mundiales de las comunicaciones sociales, celebradas habitualmente el día de la Ascensión, se iniciaron el 1967, siempre con un documento sobre un tema específico. El primero, de 1967, fue “Prensa, radio, televisión y cine para el progreso de los pueblos”, el de 2008 fue “Los medios de comunicación entre el protagonismo y el servicio a la sociedad. Buscar la verdad para compartirla”. Se trata de la única jornada eclesial promovida por el Concilio. Sus objetivos son la formación de las consciencias, la exhortación a la plegaria y la colaboración generosa de los cristianos. Algunas jornadas han escogido el tratamiento de un medio de comunicación concreto, como es el de la publicidad (1977), la informática (1990), los videos y cassets (1993), la televisión (1994), el cine (1995), Internet (2002). Otra jornadas han mostrado su preocupación por diversos colectivos básicos de la sociedad, como es familia (1969 y 1980), juventud (1970 y 1987), infancia (1979) o tercera edad (1982). Otros han reflexionado sobre los derechos y deberes de los protagonistas de los procesos comunicativos, como los comunicadores (1976) y los usuarios (1978). Aún otros han glosado los mejores frutos de los medios como son las aportaciones a la reconciliación (1975), a la paz (1983 y 1987) o a la justicia (1987). Las restantes jornadas han afrontado los diversos aspectos de los medios de comunicación en general.
En nuestro país, alguien ha querido ver un precedente de esta iniciativa en la decisión de la Asamblea de la Buena Prensa, convocada el 1904 en Sevilla, que instauró el Día de la Buena Prensa, reorganizado el 1933 por la Conferencia de Metropolitanos con el Día de la Buena Prensa Católica. Bueno es anotar aquí que en el marco del día acabado de mencionar, la Junta Nacional de Prensa Católica incluyó entre sus objetivos la creación de una agencia católica de noticias, fue Prensa Asociada, que existió hasta el 1984, fue el 1991 que la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social creó el SIC (Servicio Integral de Comunicación) en funcionamiento desde 1992.
IV.- Las radios católicas
El día siguiente de la firma del Tratado de Letrán de 1929, Pio X encargó a G. Marconi construir una emisora de radio dentro del nuevo Estado del Vaticano. El 12 de febrero de 1931 inauguró Radio Vaticana con un discurso en latín. El 1939 la emisora trasmitió el cónclave e inauguración del pontificado de Pío XII en 9 idiomas.
El Concilio Vaticano II fue retransmitido en 30 idiomas. El 1970 transmitía en 32 idiomas. El 2005 superó el millar el número de emisoras que retransmiten la programación en su propia lengua por las tradicionales ondas cortas y medias y también por vía satélite y a través de Internet. Con motivo del 75 aniversario, el año 2006, se nos facilitaron los datos siguientes: transmite 23.480 horas anuales (64 horas y media diarias), en 45 idiomas (últimamente se ha introducido el malaialam, que es el habla en el Estado de Kerala, al sur de la India), por 6 canales de cobertura global y 2 para Europa y 20 transmisiones vía satélite, dispone de un servicio de Internet multimedia con oferta de texto, audio, vídeo y “podcast” en 30 lenguas y en 13 alfabetos distintos como, por ejemplo, el chino, el japonés y el árabe, y de un servicio de noticias escritas por correo electrónico, y cuenta con 384 trabajadores de 59 nacionalidades.
No fue Radio Vaticana la primera radio cristiana. El 1925 funcionaban emisoras católicas en los Estados Unidos y poco tiempo después se abrió en Ecuador la emisora protestante de proyección universal, La Voz de los Andes. En nuestro país cabe reseñar un intento no conseguido, el de Ildefonso Montero y su obra “Ora et labora” quien abrió en Sevilla una emisora de propaganda católica. El 1937 fue importante la creación, en Portugal, de Radio Renasçensa, la emisora más escuchada en el país. Como es importante ahora mismo, en Italia, la emisora Radio María, creada en 1982 y que, con más repetidores que la RAI, ha conseguido una muy considerable audiencia.
Paralelamente, las iglesias reformadas fundan World Association for Christian Braodcasting, que en 1956 amplía a otros medios y cambia el término “broadcasting” por el de “communication”, y la Iglesia Católica opta por la diversificación y surge la Unión Catholique Internationale de la Presse y Organisation Catholique International du Cinema.
Después surgen muchas experiencias radiofónicas en universidades católicas, parroquias, y en ámbitos más grandes de difusión, como The voice of the gospel, que desde Addis-Abbeba, servía a toda África, como Radio Veritas servía los paises de Oriente. Las iglesias reformadas tienen un comportamiento parecido, por citar alguna emisora, la Trans World Radio.
En 1927, en Colonia, con el patrocinio del alcalde Konrad Adenauer, se crea el Bureu International Catholique de radiodifusión, que en 1928 organiza en Munich el primer congreso católico internacional de radiodifusión, y constituye una comisión que representa nueve paises, que con el tiempo, pasada la guerra mundial, se convertirá en UNDA (Asociación Católica Internacional de Radio y Televisión). El mismo año surge OCIC (Organización Católica Internacional del Cine y el Audiovisual). Y en noviembre de 2001, fruto de la unión entre las dos mencionadas organizaciones católicas, nace SIGNIS, la Asociación Católica Mundial para la Comunicación, una ONG que agrupa a unas 160 asociaciones presentes en 140 paises, entre los cuales España, que tiene dos oficinas administrativas, una en Bruselas y la otra en el Vaticano, y posee estatutos de miembro consultor ante la UNESCO.
Hay que hacer mención del interés mostrado por los profesionales católicos por erigir entidades propias de servicios y de formación. En nuestro país, el 7 de abril de 1984 se aprobaron los Estatutos de UCID (Unión Católica de Informadores y Periodistas de España) reconocida por la Conferencia Episcopal como asociación privada de fieles que agrupa profesionales que se comprometen en el servicio a los valores del Evangelio y que mantiene un fórum permanente sobre los grandes temas de actualidad.
No todo han sido alfombras y flores en esta historia. También el capítulo eclesial de los medios de comunicación tiene su rincón martirial en el que quedan registradas, por ejemplo, las amenazas recibidas por emisoras católicas en Bolivia, o las bombas contra la radio católica de El Salvador, desde la cual Monseñor Romero transmitía su mensaje.
V- Catecismo y Derecho
Además de los documentos conciliares y papales mencionados anteriormente, hay otros que contienen doctrina u orientaciones pastorales sobre los medios de comunicación. Mencionamos dos fuentes de gran relevancia eclesial: el derecho canónico aprobado em 1983 y el catecismo aprobado en 1997.
A. Código de Derecho Canónico
El código tiene dedicado el título IV del Libro III a “Los medios de comunicación social y especialmente los libros”, en el contexto amplio de “La función de enseñar de la Iglesia”. Es en los dos primeros cánones donde se habla específicamente de los medios mencionados. En primer lugar, el código se refiere a los pastores de la Iglesia, recordándoles el cumplimiento de su misión les prescribe dos comportamientos: “Han de esforzarse por emplear los medios de comunicación” (c. 622, 1) y “han de procurar que los fieles sean instruidos sobre el deber que tienen de cooperar para que el uso de los medios de comunicación social se vea vivificado por el espíritu cristiano”( c. 822, 2).
Además de referirse a los pastores, el Código de Derecho Canónico contiene una especial referencia a los fieles que participan en la dirección o en el uso de los medios de comunicación, los cuales han de mostrarse solícitos a colaborar porque “la iglesia también ejerce eficazmente su labor con estos medios” (c. 822, 3).
B. Catecismo de la Iglesia Católica
En el contexto “El respeto a la verdad” explicando el contenido del octavo mandamiento, después de advertir: “Los medios de comunicación social pueden engendrar una cierta pasividad entre los usuarios, convirtiendo estos últimos en consumidores poco críticos de los mensajes y los espectáculos” (n. 2496), llama a los usuarios de los medios a una doble acción: la formación de una consciencia ilustrada y la resistencia a las influencias poco honestas.
El Catecismo también hace una llamada a no ceder a la difamación a través de los medios y señala a los profesionales una doble obligación: “Servir la verdad y no ofender la caridad. Procurando respetar, con igual interés, la naturaleza de los hechos y los límites del juicio crítico sobre las personas” (n. 2497).
Entre los peculiares deberes que tiene la autoridad civil, incluye el de defender y velar por la verdadera y justa libertad de información, y espera que “darán a tiempo y honestamente las informaciones que interesen al bien general o responden a las inquietudes fundadas de la población. Nada puede justificar el recurso de informaciones falsas para manipular la opinión pública con los medios de comunicación” (n. 2498). El Catecismo hace una fuerte denuncia de “la plaga de los Estados totalitarios que falsifican sistemáticamente la verdad” y “ejercen con los mass media un dominio político de la opinión” (n. 2499).
Anotemos que cuando habla del noveno mandamiento, el Catecismo reniega tanto “del exhibicionismo del cuerpo humano en ciertas publicidades” como de “la solicitación de ciertos medios de comunicación a ir demasiado lejos en la revelación de confidencias íntimas” (n. 2523).
VI.- Cadena COPE
La cadena COPE se define a ella misma como confesional católica y se sitúa en el marco de las finalidades generales de la Iglesia Católica, más concretamente las que afectan su presencia evangelizadora.
También se sitúa en el modelo de radiodifusión católica que ha optado por el carácter “general, profesional y comercial” en su programación. No siendo una emisora religiosa, sino profana, adquiere el compromiso de ser “presencia misionera” en el ámbito de la opinión pública. El acento religioso y cristiano no abrumará la programación, pero sí que “impregnará con delicadeza y acierto los contenidos de las emisiones de tipo generalista”.
Los objetivos que persigue son: 1) difundir la doctrina y las actividades de la Iglesia Católica, 2) orientar la opinión pública con criterio cristiano, 3) colaborar en la promoción humana, social y cultural de la sociedad, 4) ofrecer programas informativos de noticias, comentarios, editoriales y otros servicios enmarcables en esta temática, 5) ofrecer programas recreativos de esparcimiento saludable.
La cadena no representa ni oficial ni oficiosamente la jerarquía católica. Exceptuando que conste expresamente, no es su portavoz, a pesar de que siempre pretende ser altavoz. Los valores que sustenta la Cadena nacen de la cosmovisión cristiana, que abarca: a) la persona humana, b) la sociedad, c) la naturaleza. Y en éstos no será neutral, sino comprometida. Los criterios y las opciones de la cadena quedarán vehiculados a través de “Línea editorial”.
La cadena se pone al servicio de la democracia española y de la configuración autonómica del Estado. Por eso, sin perder unidad de mensaje, tendrá suficiente cuidado de la singularidad de los pueblos de España promoviendo su cultura diferenciada e identificándose con sus mejores aspiraciones. Su talante democrático y su respeto al pluralismo hará que la cadena quede abierta a la expresión de los otros pareceres, con un sólo límite: el abuso de hospitalidad de la casa por parte de aquellos que no respeten el ser y el significado de la cadena.
Mostrará claramente su opción preferente de los pobres y los marginados, sin perjuicio del respeto y la estima que todas las personas y los grupos merecen.
Permanecerá abierta a la rectificación oportuna cuando se produzcan errores y carencias en su actividad radiofónica.
Los compromisos profesionales y éticos de sus profesionales son estos dos: 1) rigor y calidad informativa, 2) servicio a la verdad, con espíritu de convivencia, y criterio independiente.
VII.- Cuestiones actuales
Cuatro cuestiones se encuentran ahora mismo sobre la mesa del diálogo eclesial y son objeto de reflexión profunda.
Una: revisar si en la práctica se han dado los pasos que en teoría nos propusieron los documentos de la Iglesia, a partir del Concilio Vaticano II: a) De acoger a fomentar. Miranda prorsus hablaba de acoger los avances de los medios. Inter mirifica añade a acoger el término fomentar, y matiza que esta labor pertenece principalmente a los seglares. b) De receptores a usuarios: Miranda prorsus habla de tener cuidado en la selección de programas. Inter mirifica invita todos los fieles de la Iglesia a utilizarlos. c) De periodistas como destinatarios a periodistas como interlocutores: Communio et progressio, 105, mostró ser consciente de la dignidad de la profesión, de las dificultades, y busca dialogar con todos los profesionales, sea cual sea su creencia religiosa, sobre lo que ella puede aportar.14
Dos: revisar si se han incorporado las actitudes eclesiales frente de los medios de comunicación que el experto mallorquín en esta materia, Norberto Alcover, recomienda y que, entre otros, son: reconocerlos como un don de Dios y de la inteligencia humana inscritos en el progreso del desarrollo de la creación, reconocer la incidencia de los MCS en la vida de los creyentes, elaboración de una teología y ética de los MCS, formación académica de los agentes de pastoral, incorporarlos como instrumentos de pastoral.15
Tres: revisar si se concibe, entre los cristianos, la comunicación social sólo como una opción o como una misión recibida. Revisar si la exclamación paulina también es la exclamación de la Iglesia actual: “Ay de mí si no evangelizara”16, también y puede que sobre todo, en relación a los medios de comunicación social en las tecnologías más avanzadas.
Cuatro: si la radio católica contribuye con su inmediatez a recuperar el contacto de la comunicación con la realidad social y a ser altavoz de las verdaderas necesidades de la audiencia, para las cuales la Iglesia tiene respuestas a presentar de forma interesante.17
VIII.- Retos de futuro
¿Es posible una teología de la comunicación? El capítulo XIII y último del libro Los huéspedes de Mambré18 lleva por título “Hacia una teología de la comunicación”. Su autor es un monje benedictino que a su doctorado en Teología suma el de Comunicación por la Universidad de Lovaina (Bélgica), desde hace muchos años residente en Puno (Perú). Estando en Perú asistí a uno de los muchos cursos impartidos por este intelectual que ha profundizado tanto en el tema de la postmodernidad como en el de la vida religiosa. Intentaré resumir las principales cuestiones que plantea en el capítulo citado y que, según mi manera de entender, constituyen tres auténticos retos de cara al futuro.
Primero: la presencia de los pequeños en el escenario mediático, “¿Para cuándo la presencia de los pequeños en el escenario de los medios?” pregunta Arnold. África es un continente grande, el Sur existe y, a pesar de eso, África es la gran ausente de los medios de comunicación. No sólo el Tercer Mundo, igual pasa con el Cuarto Mundo, los pobres de países ricos. Hay millones de personas condenadas en el mundo. No sólo condenadas política y económicamente. También condenadas mediáticamente al olvido. Exactamente lo contrario de lo que pasa en el Evangelio, en el cual tienen una presencia constante y protagónica. La “buena nueva” o buena noticia, ¿no consiste precisamente, más allá de la simple actualidad o del sensacionalismo rebuscado, en el hecho de que los pobres escuchen el mensaje de liberación?
Segundo: los medios actuales, ¿sólo están en condiciones de transmitir el pensamiento débil que tan bien están transmitiendo o también tienen la posibilidad de transmitir otro tipo de pensamiento? ¿Está la Iglesia condenada a rebajar su propuesta y aguar el mensaje recibido siempre que se ve acuciada a transmitir a través de los medios? La comunicación mediática, tan consagrada a transmitir hechos a velocidad tan alta y en concordancia total con los rasgos de la postmodernidad, es capaz de decir nombres de significación profunda como dolor y sufrimiento, nacimiento y muerte, fe y esperanza, es decir, ¿es capaz de nombrar experiencias profundas y universales de la humanidad? Los cambios constantes de programas, de géneros literarios por parte del emisor y la utilización constante del zapping por parte de los receptores, ¿posibilitan la maduración de la semilla que el sembrador religioso deposita y que como toda siembra agrícola y toda maduración humana necesita tiempo de calidad y concentración? Los medios, tan expertos en poner sobre la mesa los problemas, ¿tienen capacidad de evocar también el misterio? Los medios, vocacionados por transmitir lo que es concreto y verificable, ¿tienen facultades para acoger también lo que, siendo concreto no es material, esto es, transmitir experiencias concretas religiosas no reducibles a lo que es material o corporal? Planteado todo desde la propia casa cristiana, la pregunta, sólo comprensible probablemente desde la propia confesionalidad, sería ésta: ¿puede la Iglesia evangelizar a través de los medios sin evangelizar los mismos medios?
Tercero: partiendo del a priori que Dios no habla al margen de la vida, sino dentro de ésta, ¿no habrá de ser siempre la palabra eclesial una palabra encarnada, hecha carne? ¿No habrán de convertirse los comunicados eclesiásticos más en relatos que en ideología, y contener más ánimos alentadores que códigos reguladores? ¿No habrá de comunicar la Iglesia al lado de los hombres más que sobre tarimas por encima de los hombres? ¿No habrá de convertirse la Iglesia docente más en vecina de la vida y más en pariente de los humanos para conectar así mejor con los temas y problemas reales de la gente? Y al tiempo que de parte de la Iglesia se plantean este tipo de cuestiones, ¿no sería igualmente deseable y bueno que los medios se replanteen si se han ido colocando más sobre las audiencias que al lado de éstas, si se encuentran más ocupados en ellos mismos que en los temas y los problemas de su gente, si juzgan más que informan, si informan de cada vez más de unos pocos y cada vez menos de muchos. Iglesia y medios no se encontrarán si cada uno se instala en su propio limbo: el dogmatismo y el abstractismo en el caso de la Iglesia y el sensacionalismo y la espectacularización en el caso de los medios. Los limbos ni existen ni ya se reconocen. Sería bueno reconocer que para nadie es saludable huir a lo inexistente.
Joan Bauzà Bauzà
Notas
1www.vatican.va
2www.news.netcraft.com
3www.riial.org
4www.bisbatdemallorca.com
5www.vatican.va_services/or/home_ita.htm
6Per a accedir a les diferents edicions, el lloc és: www.libreriaeditricevaticana.com/it/catalogue/riviste.jsp.
7AAS de 21 d’agost de 1958, vol. L, p. 512-513. Vegeu-hi la relació que estableix entre un mirwcle de la santa i el patronatge televisiu.
8In fructibus multis, 8.
9Gaudium et spes, AAS, LVIII (1966), p. 1025-1120.
10Unitatis redintegratio, AAS, LVII (1965), p. 90-112.
11Dignitatis humanae, AAS, LVIII (1966), p. 929-946.
12Ad Gentes, AAS, LVIII (1966), p. 947-990.
13Inter mirifica, AAS, LVI (1964), p. 145-157.
14La doctrina de la Iglesia sobre los medios de comunicación social, Delegación de Medios de Comunicación Social, Arzobispado de Valencia, 1993, p. 33-36.
15ALCOVER, N. (1990): “Los medios de comunicación social”, Introducción a los medios de comunicación, Ediciones Paulinas, Madrid,
161 Cor 9, 16.
17 II Congreso internacional Iglesia y medios de comunicación. Los medios de comunicación católicos en el siglo XXI. Conclusiones. Universidad de Murcia, 15-17 mayo 2003.
18ARNOLD, S. P. (2001): Los huéspedes de Mambré. Polifonía trinitaria, CEP, Lima, p. 163-174.
Bibliografía
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Codi de Dret Canònic (1983), Publicacions de l’Abadia de Montserrat, Barcelona.
DELEGACIÓN DE MEDIOS DE COMUNICACION SOCIAL ARZOBISPADO DE VALENCIA (1993), La doctrina de la Iglesia sobre los medios de comunicación social, Arzobispado, València.
SERRANO OCEJA J. F. (ed.) (2000), Los Obispos españoles y las comunicaciones sociales. Mensajes de la comisión episcopal de medios de comunicación social a lo largo de su historia. Edice, Madrid.
FLECHA ANDRÉS, J. R. (1995), “Ética cristiana, medios de comunicación y responsabilidad del periodista”, a BONETE PERALES E. (coord), Éticas de la información y deontologías del periodismo. Tecnos, Madrid.
INSTITUTO INTER (1981), La Iglesia, dato informativo. Ponencias de las primeras jornadas nacionales de informadores religiosos. Ediciones Paulinas, Madrid.
SAL TERRAE. Revista de teología pastoral (Julio/agosto 1988). “Los medios de comunicación social en la España actual. ¿De quién son? ¿Qué defienden?” Editorial Sal Terrae, Bilbao.
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