CORRECCIÓN FRATERNA
¿Qué debemos hacer frente a un pecador? La propuesta de Jesús es doble: debemos corregir y debemos perdonar.
Y lo primero que hay que decir sobre lo que hay que hacer frente a un hermano que va por mal camino es que nosotros tenemos el deber de la corrección, hay que corregir al equivocado.
Y eso puede chocar contra dos actitudes que entre nosotros se da con mucha frecuencia:
1.La actitud de, en lugar de corregir, excluir. No, el evangelio no propone la exclusión de nadie: cuando uno de los nuestros, de nuestro grupo, de nuestra parroquia peca, como primera acción no hay que dictar orden de exclusión. Frente a exclusión, corrección. Frente a eliminar al pecador, corregirlo e integrarlo.
2.La actitud de, en lugar de corregir, callar, eludir, pasar de largo, no enterarse, mirar hacia otro lado. No es esto tampoco lo que propone el evangelio de hoy. Frente al mal, no hay que callar, hay que corregirlo, cambiarlo por otra cosa.
La corrección fraterna está en el medio de dos actitudes extremas:
• distante, por una parte, de la intolerancia de aquel que excluye,
• distante asimismo de la dejación de aquel que calla y otorga.
¿Es fácil corregir al hermano?
Quizá sea más fácil ante una mala conducta sacar el látigo y excluir. Quizá también sea más fácil cerrar el pico y no hablar. Pero excluir no es amar y callar tampoco. Amar al equivocado es hacer que no lo esté. Amar al que camino hacia el abismo es corregir su itinerario.
¿Cómo corregir?
Hay cuatro verbos que nos pueden mostrar el modo de la corrección. Estos cuatro verbos son: acercar, hablar, confrontar y promocionar.
1.En primer lugar, acercarse. No corregir nunca desde lejos porque tendríamos que hacerlo en voz alta, corregir desde muy cerca del oído porque así es posible susurrarle su falta.
2.En segundo lugar, hablarle. Hablarle, como hizo Oseas con su mujer adúltera, hablarle al corazón, esto es corregir con ternura, no tanto desde el reglamento o la ley cuanto desde las entrañas y el corazón. Y, en primera instancia, hablarle a solas.
3.En tercer lugar, confrontarlo. Confrontar lo que hizo con lo que tenía que hacer, confrontar lo que Dios esperaba de él con lo que él le ha hecho, confrontarlo con el evangelio.
4.Y en cuanto lugar, promocionar, promocionarle. Un escritor prefiere hablar de “promoción fraterna” más que de “corrección fraterna”. Los cristianos no corregimos para increpar al hermano lo malo que ha sido, lo corregimos para promocionarle a la bondad que deseamos adquiera.
Quisiera terminar con una anotación más:
• No sólo debemos aprender a corregir a los demás.
• También debemos aprender a ser corregidos por los demás.
No sé cuánta valentía se requiere más: si para corregir o si para ser corregido.
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