3er DOMINGO DE CUARESMA
3º DOMINGO DE CUARESMA (A) 27.III.2011
Comentario al evangelio: Juan 4, 5-42
La samaritana hablando con Jesús junto al pozo de Jacob, da pie al Maestro para que explique cómo es el Espíritu que El comunica. Se sirve del símbolo del agua para describir su fuerza creadora de vida Ez 47. En el A.T. este símbolo significaba la Ley o la Sabiduría; en el N.T. el Espíritu ocupa y supera la función de la Ley de Moisés.
Los seis maridos que se mencionan en el diálogo, no han de entenderse como una intromisión en la vida privada de la mujer, sino como una alusión a la historia de Samaría, que después de la ocupación por los ejércitos de Sargón II en el año 721 a. C., fue repoblada por inmigrantes de otras seis regiones 2 R 17,24-41, los cuales importaron sus respectivos cultos idolátricos.
Lo mismo que en Caná, el evangelista explica aquí la interioridad de la salvación de Jesús frente a la vaciedad del judaísmo y a su mera apariencia exterior sin que afecte a lo profundo de la persona.
La samaritana yendo a por agua al pozo simboliza toda nuestra sed o necesidad Dios. La huella de sus amorosas manos está grabada en lo más profundo de nosotros y reclama espíritu, paz, armonía y gozo. Nuestro barro sigue sediento después que lo amasó el amor de Dios; sus grietas reclaman ayuda para no ir perdiendo vida.
Jesús nos ofrece la ayuda que necesitamos para que no se quiebre nuestro barro: “Si conocieras el don de Dios”. La segunda lectura de este domingo describe este don con palabras de san Pablo. “Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo...la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu santo que se nos ha dado”.
Jesús se encuentra con nosotros en nuestras circunstancias concretas, como hizo con la Samaritana; nos habla de su mensaje con términos propios de nuestra situación, con la samaritana con palabras sobre el agua (viva). Le abre los ojos escandalizándole: Jesús, un desconocido, habla con ella a solas y en público. Jesús actúa libremente frente a cualquier norma social. Necesitamos estos golpes que nos llaman a la puerta con fuerza y nos interpelan.
Para Jesús el culto no reside en un lugar, sino en la actitud, en espíritu y verdad. Para interiorizar el don del Espíritu, es preciso que nos sumerjamos en nuestro interior, donde nos inunda el Espíritu y dejar que brote en nosotros “el surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Más que provocarlo nosotros, se trata de dejar que el Espíritu lo alimente. La oración contemplativa diaria nos ayudará a conseguirlo.
El que así tiene sus encuentros con Jesús y su Espíritu, se va transformando, como la Samaritana, en testigo de Dios en la vida de cada día; su manera de estar lo demuestra y convence. En la situación de nuestro mundo son muy necesarios tales testigos; no nos conformemos en pedirlos, intentemos ser uno de ellos. Sabemos el camino y la gracia del Espíritu es abundante.
Como el sol lanza llamas de miles de quilómetros de altura, así también del amor que impulsa el Espíritu Santo, surgen llamas de inmensa energía que consumen o enardecen cuanto encuentran a su paso.
Llorenç Tous
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