5º DOMINGO DE CUARESMA A
5º DOMINGO DE CUARESMA. (A). 10.IV.2011
El evangelio de hoy (Juan 11, 1-45), la resurrección de Lázaro, es un punto culminante del Evangelio según san Juan. Es el último de los siete “signos” con los que el evangelista proclama la divinidad de Jesús y el contenido de su mensaje.
Jesús de Nazaret, cuya divinidad quiere confesar la comunidad cristiana de la que surge este evangelio, recurre a su fuente literaria y doctrinal para expresarla: el Antiguo Testamento. Según el Libro de los Reyes, el profeta Elías resucitó al hijo de la viuda de Sarepta (1 Reyes 17, 8-24). Su discípulo Eliseo, heredero del espíritu de su maestro, resucitó también al hijo de la sunamita (2 Reyes 4, 30-37). Los cristianos sabemospor la fe que Jesús de Nazaret es más que todos los profetas, es el Hijo de Dios La comunidad apostólica lo confiesa atribuyéndole acciones milagrosas superiores a las de todos los profetas del Antiguo testamento.
Ante la proximidad de la Pascua, la liturgia de hoy nos da el último empujón para acercarnos a la Resurrección de Jesús con sus palabras a Marta, la hermana de Lázaro: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”.
“Os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío”. (1ª lectura).
La Cuaresma nos ha hecho ver “nuestros sepulcros” que almacenan muertes, miseria, flaquezas,miedos, cansancios, debilidades y pecados ocultos. Nuestro análisis cuaresmal no ha sido para deprimirnos en la desesperación sino para esforzarnos, orar, confiar y arrepentirnos. Ésta es nuestra imprescindible colaboración para crecer y salvarnos. Hoy Jesús sale a nuestro encuentro con el amor y la fidelidad de un amigo. Nos dice como a su amigo Lázaro: “ Gritó con voz fuerte: -¡Lázaro, ven afuera!…-Desatadlo y dejadlo andar”. (Evangelio). Nuestra libertad interior no es sólo el fruto de nuestro esfuerzo, que es necesario, sino sobre todo de la gracia, porque “el Espíritu de Dios habita en vosotros”. (2ª lectura).
La resurrección de Lázaro no nos sirve para entender nuestra propia resurrección. Porque la suya fue la reanimación del cadáver, para volver otra vez a la vida de antes. En cambio nuestra resurrección, como la de Jesús, no es la reanimación del cadáver sino la transfiguración de la persona. Por la muerte nuestra vida mortal alcanza la plenitud para la que fue creada por Dios ( vida recibida de Dios que no se reduce a la del cuerpo sino que es de “ la persona, que es más que el cuerpo”,) y para la que nos hemos ido preparando durante la cuaresma. Al resucitar, no cambiamos de vida ni de persona, sino que entramos en la plenitud para la que fuimos creados. Nuestra vida en este mundo es la primera parte de la eterna. Gracias al don del Espíritu que Jesús Resucitado nos mereció y que recibimos en el bautismo, nuestra “vida eterna” ya la comenzamos en este mundo. “ Quien escuche mi palabra y cree a quien me envió tiene vida eterna y no está sometido a juicio: ya ha pasado de la muerte a la vida”. Juan 5, 24. Por eso la alegría y el triunfo de Jesús Resucitado es ya ahora una realidad en nuestros corazones.
Llorenç Tous
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