4o DOMINGO DE PASCUA
15.V.2011 4º DOMINGO DE PASCUA (A)
Comentario al evangelio: Juan 10,1-10
“Yo he venido para que tengan vida”
Si escuchamos el evangelio de este domingo desde la realidad que estamos viviendo, Jesús es el guía que nos acompaña fielmente en el proceso de profundos y acelerados cambios que estamos viviendo. El cambio está desmantelando bases sociales y religiosas de nuestra sociedad y nos deja en un proceso ante el cual unos añoran el pasado y otros no saben cómo preparar el futuro. No faltan los que, huyen de la realidad engañándose con manipulaciones interesadas.
Los creyentes quedamos situados ante retos, dudas y nuevas exigencias. Ahora más que nunca necesitamos profundizar en el conocimiento de Jesús y en la experiencia de Dios. El que acepte sinceramente la realidad de nuestro mundo, sentirá la necesidad de buscar a Dios. Gracias a Jesús tenemos una respuesta: Él nos conduce al Padre.
La Resurrección de Jesús que estamos celebrando especialmente estos domingos, es el fundamento de nuestra confianza, porque Él está con nosotros, en este mundo que se está transformando. Sus cambios profundos interpelan nuestra fe ante los cuales Él es el fundamento de nuestra confianza. El Espíritu que nos prometió suscita nuestra creatividad y paz. Toda la historia del cristianismo ha experimentado situaciones parecidas, ante las cuales no han faltado testigos que han actualizado la salvación de Jesús ,con empresas, palabras y escritos, que han hecho llegar la Buena Nueva a los hombres.
Siempre ha sido Jesús “una bandera discutida” como dijo el viejo Simeón el primer día que le vió. Lucas 2, 34. También hoy la duda y la persecución acompañan al evangelio. También la fidelidad y el heroismo de muchos.
El salmo responsorial de hoy, “El Señor es mi pastor”, salmo 22, es una profesión de fe que encaja muy bien en la situación de cambio en que vivimos. Por el simple hecho de nacer y crecer somos nómadas en el espíritu. Necesitamos valores que muevan nuestro progreso y compañeros de viaje que nos den seguridad ante la duda. Sobre todo necesitamos la fe que nos acerca a la presencia amorosa de Dios Padre. Todos los desmantelamientos pueden considerarse como una purificación que estimula la búsqueda sincera, la oración y el estudio. La historia puede ser una cura de humildad y al mismo tiempo de esperanza. Todo depende de cómo estemos ante Dios y ante la realidad.
Este salmo explicita la confianza, habla de los signos de la presencia divina y concreta las sorpresas de la bondad de Dios. Los peligros y cansancios se salvan providencialmente. La relación se alimenta del trato prolongado, sin prisas, a lo largo de un banquete que renueva las fuerzas. Se experimenta una acogida que reconforta y defiende de todo peligro. “Nada temo, porque tú vas conmigo”.
Comentario al salmo 22 (23)
Este salmo supone una cultura nómada. Las tribus nómadas están formadas por unas familias que viven en constante trashumancia, a merced de las exigencias de sus ganados (alimento y bebida) y consecuentemente de las estaciones del año. Sus constantes desplazamientos les obligan a vivir como peregrinos de la tierra. Su contorno exterior cambia constantemente, el paisaje, la hierba, los peligros. Todo se tiene de paso, sin confiar definitivamente en ninguno de los elementos de su vida, a no ser el de la unidad de la tribu.
Toda su economía se centra en sus ganados. El pastor es el factor clave para todos los miembros, personas y animales. Éste ha de conocer las necesidades de todos y dónde encontrar los recursos adaptados a tales necesidades. Según sea el conocimiento que el pastor tenga de las fuentes, los valles y los pasos entre montañas, así será la prosperidad de toda la tribu.
La vida de los nómadas carece de comodidades. Se vive muy pendientes de la naturaleza y siempre en contacto con ella. No se puede programar a largo plazo porque una cierta interinidad lo envuelve todo.
El salmista traspasa a Dios la imagen del pastor y se identifica con una de sus ovejas. No trata de Israel o del pueblo de Dios como si fuera su rebaño, no tiene perspectiva de comunidad; sólo intenta expresar su relación personal con Dios sirviéndose de esta imagen. “Tu caminas conmigo”.
Desde esta presencia han de entenderse todas las sugerentes imágenes. El desierto o el camino en general. El cansancio y el alimento cerca de una fuente en un oasis. Senderos estrechos o peligrosos. Rutas conocidas del pastor que las ovejas siguen confiadas. Riesgos y serios peligros, tal vez mortales, por ataques de feroces enemigos. “El valle de la muerte”, la llanura de Esdrelón, campo de batalla tan temido por los grandes ejércitos de infantería y de caballería de la antigüedad. Noches en las que la orientación se recibe escuchando unas pisadas o el golpe del cayado. La tranquilidad que dan los pasos conocidos del pastor. El sol, el calor, la monotonía, todo cambia desde la presencia del pastor. Las roderas o huellas marcadas por los carros. El pastor conoce el camino, las necesidades y los recursos, por eso se puede confiar en él.
El encuentro del caminante con el que le recibe en su tienda como huésped. Sobre una piel como mesa, sentados en el suelo, a la sombra de la tienda, con una “largo” vaso de bebida, se inicia la conversación sin prisas en la que se comparte el camino. Como en Emaús. La hospitalidad de los beduinos del desierto. Descanso y relax a base de masajes con aceite o grasa.
El uso tradicional de este salmo le ha ido cargando de una densa riqueza al ser proclamado en tantas celebraciones litúrgicas, precisamente porque Jesús se definió a si mismo como el Buen Pastor.
En el proceso que es toda vida desde la fe adulta, se avanza por la confianza en el que se define también como el camino. La confianza en Él transforma el sentido de la ruta y la manera de entender las etapas del recorrido. Siempre hay signos de su presencia a nuestro lado, aunque a veces no se ven, pero se sienten, como en la noche. Los oasis de consuelos alternan con valles peligrosos. Otros avanzaron por los mismos senderos y dejaron “roderas” de sus carros que ahora nos sirven de referentes.
La meta que nos prepara para la etapa siguiente, ya que el camino nunca se acaba, es el banquete de la eucaristía. Lo preside el Resucitado que se nos da a si mismo como alimento; su presencia consuela y estimula al peregrino de la fe. El diálogo permite compulsar toda la realidad, comentársela y verla desde su perspectiva.
“El pan que yo doy por la vida del mundo es mi carne.” Jn 6, 51. “Yo vine para que tengan vida, una gran vitalidad”. Jn 10, 10.
Traducción libre del salmo 23.
El Señor es mi compañero de viaje, nunca me fallará.
Me prepara sorpresas que nunca hubiera soñado.
Me alimenta con su amor y su Pan.
Mantiene así mi tono vital.
Su amor fiel me acompaña siempre, lo sé por experiencia.
Percibo su presencia en los signos que la insinúan.
Aunque llegue a situaciones límite, seguiré confiando.
Porque tu estás conmigo.
Mi vida es una fiesta celebrada con otros.
Todo me habla de tu bondad y tu gracia.
Te seguiré con alegría, Señor, todos los días de mi vida.
Llorenç Tous
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