6º DOMINGO DE PASCUA
6º DOMINGO DE PASCUA. (A). 29.V.2011
“La fe cristiana se mantiene o cae con la verdad del testimonio de que Cristo ha resucitado de entre los muertos.
Si se prescinde de esto,… la fe cristiana queda muerta”. Ratzinger J, Benedicto XVI. Jesús de Nazaret. Barcelona 2011. p.281.
“Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu” ( 2ª lectura : 1ª Pedro, 3,18 ).
Proclamar la Resurrección de Jesús o de los difuntos supone conocer lo que nuestra fe cristiana nos dice sobre la vida, la persona, el cuerpo, la corporeidad y la muerte.
Dejémonos iluminar por el mensaje de Jesús, el enviado de Dios, sobre estos temas.
1.- LA VIDA. Éste es el primer don que recibimos de Dios. Fundamental y gratuito, como muestra de quien es el Padre que Jesús nos reveló; no sólo nos da la vida, sino que nos sigue acompañando siempre. Nunca retira su bondad generosa, aún cuando no hagamos buen uso de la vida o no le demos las gracias. Sus dones son eternos, como Él. Por eso afirman los teólogos que Dios nos crea para resucitar. Cuando morimos, nuestra vida, don de Dios, sigue hacia sus amorosos brazos que nos reciben. Dios siempre, en cada momento, está creando vidas y a la vez recibiendo en su seno a las vidas de las que es su fuente creadora.
2.- LA PERSONA. La persona de cada uno de nosotros no es la suma de alma y cuerpo, sino una unidad en “el yo de cada uno”; un yo singular, único e irrepetible. Esta persona es espiritual y corpórea a la vez, materia y espíritu simultaneamente. Nuestro cuerpo es la base y el medio de todo cuanto vivimos en este mundo: acciones materiales o vivencias espirituales.
3.- EL CUERPO Y LA CORPOREIDAD. Nuestra dimensión corporal o corporeidad , no descansa en el cuerpo sino en el don de la vida que Dios nos ha dado, o sea, en este yo , sustento y raiz de la vida, don de Dios. Este yo personal vivirá en este mundo con su propio cuerpo, pero en la muerte comenzará otra manera de ser, sin su cuerpo, pero manteniendo su corporeidad. O sea, con toda la suma de experiencias humanas que este yo vivió en el mundo, que forman su historia y definen la identidad perenne de su persona.Este yo único e irrepetible lleva consigo todo este bagaje de vida, en una como mochila de peregrino, pegada a su ser.La corporeidad no es sólo atributo del cuerpo, ni tampoco sólo del alma, sino del “yo único e irrepetible”. El yo sigue siendo el mismo aunque su cuerpo haya quedado en el sepulcro.
La humanidad de Jesús iba con él al resucitar; Jesús Resucitado sigue siendo “corpóreo” una vez “sentado a la diestra de Dios Padre”. Lo cual nos facilita nuestra comunicación con Él a los que todavía vivimos con y desde el cuerpo. Este mismo estado es el de nuestros difuntos, por eso podemos comunicarnos con ellos por el mismo canal de la fe por el que nos comunicamos con el Señor Resucitado. La añoranza y sobre todo el amor son el mejor apoyo de la fe por la que nos comunicamos con nuestros difuntos.
Hay distintas maneras de entender la corporeidad de los resucitados, comenzando por la de Jesús. Unos, apoyándose en una lectura literal de las apariciones del Señor en los evangelios, opinan que el cuerpo de Jesús recibió otra manera de existir corporalmente. De modo que aparecía y desaparecía singularmente, interrumpidamente con el mismo cuerpo material de antes.
Otros autores atribuyen la redacción que tenemos de las apariciones a la concepción que sus autores tenían entonces de lo que es una persona. En su cultura la persona se identificaba con su cuerpo, por eso para expresar que Jesús seguía siendo no un fantasma, sino la misma persona, redactan una catequesis teatralizada, las apariciones que tenemos en tres de los evangelios, Mateo, Lucas y Juan. Según esta opinón ,que a mi es la que más me convence, el cuerpo de Jesús de Nazaret pudo corromperse en un sepulcro.Así también se entiende mejor la unión de la muerte y resurreección de Jesús con la de los difuntos; el cuerpo de ambos ha quedado en el sepulcro y la persona de cada uno de ellos resucita con “el primogénito de los muertos”.
Nótese que según algunos autores los condenados por la justicia, una vez ejecutados, se echaban a una fosa común y no estaba permitido asistir a su muerte. Éste sería el caso de Jesús.”Había también unas mujeres observando aquello desde lejos”. Marcos 15, 40. Este evangelista no tiene apariciones del Resucitado; Marcos 16, 9-20 es un final añadido, tal vez desde Lucas. El joven vestido de blanco junto al sepulcro dice a las tres mujeres : ”Ha resucitado, no está aquí…va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis”. Mc 16,6-7. En Galilea comenzó todo; siguiendo el itinerario marcado por Jesús desde Galilea, es como se le encuentra en su nueva dimensión glorificada.
También nuestros queridos difuntos siguen siendo corpóreos, como Jesús Resucitado, por eso nos comunicamos con ellos, no sólo por la cariñosa añoranza, sino por la misma fe que nos conecta con el Señor; éstán con Él en Dios.
4.- LA MUERTE.- Con la muerte entramos más propiamente en el mundo de Dios, cuya realidad antes no podíamos ver ni constatar con los sentidos corporales. Pero sería equivocado pensar que por eso mismo no es real. DIOS NO ES VISIBLE NI PALPABLE, PERO ES LA GRAN REALIDAD. O sea, los sentidos corporales no bastan para captar la realidad de Dios mismo ni de su cercanía, en la que está Jesús Resucitado y con Él los que mueren. Por la misma naturaleza tanto de Dios como de nosotros, es necesaria la fe; también por la misma naturaleza, la fe es libre. El que la rechaza está en su lógico derecho. El que la acepta y da el paso, sigue una lógica tan verdadera como la del incrédulo; pero, ¡qué pena que se pierda este gran tesoro que da sentido seguro y firme a esta vida y a la eternidad!
Sería incompleta esta reflexión si no escuchásemos estas palabras de san Pablo:” Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado”… Cristo ha resucitado de la muerte, primicia de los que han muerto”. 1 Corintios, 15, 13.20. Además recordemos otras palabras del Apocalipsis 1, 5 : Jesucristo, el testigo fidedigno, el primogénito de los muertos”. Tanto la imagen de “ primicia” como la de “primogénito”, encabezan una lista de otros que siguen a continuación. Por eso, aún salvando la singularidad de la resurrección de Jesús de Nazaret, porque “Él es el principio, primogénito de los muertos, para ser el primero de todos”, Colosenses 1, 18, hay que mantener la resurrección de los difuntos en unidad con la de Jesús. Para ello es necesario situar con exactitud su singularidad, sin desvincularla de la resurrección de los difuntos, porque todas son obras del mismo Dios.
Lo propio de Jesús fue revelarnos de parte de Dios que la resurrección de las personas no tendrá lugar al final de los tiempos sino a continuación inmediata de la muerte, cuando cada uno traspasamos la frontera del tiempo y del lugar y pasamos al mundo de Dios, donde no hay tiempo ni lugar, sino plenitud divina. Otra singularidad de Jesús es habernos revelado con su resurrección que los difuntos no son almas inmortales sino personas resucitadas.
“Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”. Evangelio de hoy.
¿ Qué hace el Espíritu Santo? Está encargado de continuar la obra del Reino de Dios iniciada por Jesús. Su misión es completarla y adaptarla a los nuevos tiempos de la historia. Preside la comunidad cristiana y es su alma que le da vida. Reside en cada bautizado para personalizar en él la salvación de Jesús. Es el autor de los carismas. Transforma los valores y los criterios del “mundo”. Regala sus dones y sus frutos, enumerados por san Pablo : “El fruto del Espíritu es amor, alegría , paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de sí”. Gàl 5, 22 – 23.
Llorenç Tous
6º DOMINGO DE PASCUA. (A). 29.V.2011
“La fe cristiana se mantiene o cae con la verdad del testimonio de que Cristo ha resucitado de entre los muertos.
Si se prescinde de esto,… la fe cristiana queda muerta”. Ratzinger J, Benedicto XVI. Jesús de Nazaret. Barcelona 2011. p.281.
“Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu” ( 2ª lectura : 1ª Pedro, 3,18 ).
Proclamar la Resurrección de Jesús o de los difuntos supone conocer lo que nuestra fe cristiana nos dice sobre la vida, la persona, el cuerpo, la corporeidad y la muerte.
Dejémonos iluminar por el mensaje de Jesús, el enviado de Dios, sobre estos temas.
1.- LA VIDA. Éste es el primer don que recibimos de Dios. Fundamental y gratuito, como muestra de quien es el Padre que Jesús nos reveló; no sólo nos da la vida, sino que nos sigue acompañando siempre. Nunca retira su bondad generosa, aún cuando no hagamos buen uso de la vida o no le demos las gracias. Sus dones son eternos, como Él. Por eso afirman los teólogos que Dios nos crea para resucitar. Cuando morimos, nuestra vida, don de Dios, sigue hacia sus amorosos brazos que nos reciben. Dios siempre, en cada momento, está creando vidas y a la vez recibiendo en su seno a las vidas de las que es su fuente creadora.
2.- LA PERSONA. La persona de cada uno de nosotros no es la suma de alma y cuerpo, sino una unidad en “el yo de cada uno”; un yo singular, único e irrepetible. Esta persona es espiritual y corpórea a la vez, materia y espíritu simultaneamente. Nuestro cuerpo es la base y el medio de todo cuanto vivimos en este mundo: acciones materiales o vivencias espirituales.
3.- EL CUERPO Y LA CORPOREIDAD. Nuestra dimensión corporal o corporeidad , no descansa en el cuerpo sino en el don de la vida que Dios nos ha dado, o sea, en este yo , sustento y raiz de la vida, don de Dios. Este yo personal vivirá en este mundo con su propio cuerpo, pero en la muerte comenzará otra manera de ser, sin su cuerpo, pero manteniendo su corporeidad. O sea, con toda la suma de experiencias humanas que este yo vivió en el mundo, que forman su historia y definen la identidad perenne de su persona.Este yo único e irrepetible lleva consigo todo este bagaje de vida, en una como mochila de peregrino, pegada a su ser.La corporeidad no es sólo atributo del cuerpo, ni tampoco sólo del alma, sino del “yo único e irrepetible”. El yo sigue siendo el mismo aunque su cuerpo haya quedado en el sepulcro.
La humanidad de Jesús iba con él al resucitar; Jesús Resucitado sigue siendo “corpóreo” una vez “sentado a la diestra de Dios Padre”. Lo cual nos facilita nuestra comunicación con Él a los que todavía vivimos con y desde el cuerpo. Este mismo estado es el de nuestros difuntos, por eso podemos comunicarnos con ellos por el mismo canal de la fe por el que nos comunicamos con el Señor Resucitado. La añoranza y sobre todo el amor son el mejor apoyo de la fe por la que nos comunicamos con nuestros difuntos.
Hay distintas maneras de entender la corporeidad de los resucitados, comenzando por la de Jesús. Unos, apoyándose en una lectura literal de las apariciones del Señor en los evangelios, opinan que el cuerpo de Jesús recibió otra manera de existir corporalmente. De modo que aparecía y desaparecía singularmente, interrumpidamente con el mismo cuerpo material de antes.
Otros autores atribuyen la redacción que tenemos de las apariciones a la concepción que sus autores tenían entonces de lo que es una persona. En su cultura la persona se identificaba con su cuerpo, por eso para expresar que Jesús seguía siendo no un fantasma, sino la misma persona, redactan una catequesis teatralizada, las apariciones que tenemos en tres de los evangelios, Mateo, Lucas y Juan. Según esta opinón ,que a mi es la que más me convence, el cuerpo de Jesús de Nazaret pudo corromperse en un sepulcro.Así también se entiende mejor la unión de la muerte y resurreección de Jesús con la de los difuntos; el cuerpo de ambos ha quedado en el sepulcro y la persona de cada uno de ellos resucita con “el primogénito de los muertos”.
Nótese que según algunos autores los condenados por la justicia, una vez ejecutados, se echaban a una fosa común y no estaba permitido asistir a su muerte. Éste sería el caso de Jesús.”Había también unas mujeres observando aquello desde lejos”. Marcos 15, 40. Este evangelista no tiene apariciones del Resucitado; Marcos 16, 9-20 es un final añadido, tal vez desde Lucas. El joven vestido de blanco junto al sepulcro dice a las tres mujeres : ”Ha resucitado, no está aquí…va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis”. Mc 16,6-7. En Galilea comenzó todo; siguiendo el itinerario marcado por Jesús desde Galilea, es como se le encuentra en su nueva dimensión glorificada.
También nuestros queridos difuntos siguen siendo corpóreos, como Jesús Resucitado, por eso nos comunicamos con ellos, no sólo por la cariñosa añoranza, sino por la misma fe que nos conecta con el Señor; éstán con Él en Dios.
4.- LA MUERTE.- Con la muerte entramos más propiamente en el mundo de Dios, cuya realidad antes no podíamos ver ni constatar con los sentidos corporales. Pero sería equivocado pensar que por eso mismo no es real. DIOS NO ES VISIBLE NI PALPABLE, PERO ES LA GRAN REALIDAD. O sea, los sentidos corporales no bastan para captar la realidad de Dios mismo ni de su cercanía, en la que está Jesús Resucitado y con Él los que mueren. Por la misma naturaleza tanto de Dios como de nosotros, es necesaria la fe; también por la misma naturaleza, la fe es libre. El que la rechaza está en su lógico derecho. El que la acepta y da el paso, sigue una lógica tan verdadera como la del incrédulo; pero, ¡qué pena que se pierda este gran tesoro que da sentido seguro y firme a esta vida y a la eternidad!
Sería incompleta esta reflexión si no escuchásemos estas palabras de san Pablo:” Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado”… Cristo ha resucitado de la muerte, primicia de los que han muerto”. 1 Corintios, 15, 13.20. Además recordemos otras palabras del Apocalipsis 1, 5 : Jesucristo, el testigo fidedigno, el primogénito de los muertos”. Tanto la imagen de “ primicia” como la de “primogénito”, encabezan una lista de otros que siguen a continuación. Por eso, aún salvando la singularidad de la resurrección de Jesús de Nazaret, porque “Él es el principio, primogénito de los muertos, para ser el primero de todos”, Colosenses 1, 18, hay que mantener la resurrección de los difuntos en unidad con la de Jesús. Para ello es necesario situar con exactitud su singularidad, sin desvincularla de la resurrección de los difuntos, porque todas son obras del mismo Dios.
Lo propio de Jesús fue revelarnos de parte de Dios que la resurrección de las personas no tendrá lugar al final de los tiempos sino a continuación inmediata de la muerte, cuando cada uno traspasamos la frontera del tiempo y del lugar y pasamos al mundo de Dios, donde no hay tiempo ni lugar, sino plenitud divina. Otra singularidad de Jesús es habernos revelado con su resurrección que los difuntos no son almas inmortales sino personas resucitadas.
“Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”. Evangelio de hoy.
¿ Qué hace el Espíritu Santo? Está encargado de continuar la obra del Reino de Dios iniciada por Jesús. Su misión es completarla y adaptarla a los nuevos tiempos de la historia. Preside la comunidad cristiana y es su alma que le da vida. Reside en cada bautizado para personalizar en él la salvación de Jesús. Es el autor de los carismas. Transforma los valores y los criterios del “mundo”. Regala sus dones y sus frutos, enumerados por san Pablo : “El fruto del Espíritu es amor, alegría , paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de sí”. Gàl 5, 22 – 23.
Llorenç Tous
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