DOMINGO 17 A
DOMINGO 17 (A). 24.VII.2011
Comentario al evangelio: Mateo 13, 44-52
“Un tesoro escondido”
La dos parábolas del evangelio de hoy cubren el mismo objetivo que Mateo quiere transmitir en todo el capítulo 13: una seria advertencia contra la riqueza. Su interpretación ha de atenerse a esta intención del evangelista; la decisión que describe en ambas parábolas, se toma en vistas al Reino de Dios, que Mateo llama “de los cielos”, por respeto al “nombre de Dios”.
El tesoro de la parábola está “escondido”. No es la recompensa de un duro trabajo o el premio de buenas obras. Es una oportunidad increíble, afortunada, un regalo del cielo.
Los comentaristas han identificado el contenido de este tesoro con Cristo, escondido en las Escrituras. O bien en la salvación que Cristo nos aporta con todos sus derivados, como la verdad, la alegría, etc. Podemos resumirlos todos en el encuentro con Dios.
Sabemos que Jesús es el camino que nos conduce a Dios, nos hace llegar su amor y nos transforma en hijos suyos. Pero ese tesoro sigue “escondido”.
¿Quiénes lo escondieron y quienes lo encuentran? Si Dios nos ha amado tanto que nos ha dado a su Hijo, (Juan 3,16) no será Él quien lo ha escondido; Él es el que más interés tiene que todos encontremos el tesoro.
¿Serán nuestros ojos que no saben verlo? Esto valdría para el que renuncia explícitamente a la fe. Valdría también para el que, aun teniendo fe, no sospecha siquiera que pueda existir un tal tesoro escondido.
Puede decirse que el valor de este tesoro es tan alto, que sólo saben apreciarlo los que tienen educada su sensibilidad. De hecho ¿de qué le servirían los euros a un perro? Mateo pone en boca de Jesús estas palabras: “No echéis lo santo a los perros, no echéis vuestras perlas a los puercos”. (Mateo 7,6).
Cabe también otra pregunta: Si los guías espirituales encargados de mostrar al pueblo de Dios las riquezas de Jesús, desconocen el campo en el que se esconden, ¿Cómo podrán mostrarlas? “Si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un hoyo”. (Mateo 15, 14).
Todavía cabe otro engaño peor, si las riquezas de la fe que se nos muestran como tales, son en realidad de oro falso, ¿quién destapará la mentira? Es lógico que los intereses políticos, cuando son bastardos, pretendan conseguirse con mentiras, pero el seguimiento de Jesús no admite tales estrategias bajo ningún motivo.
¿No puede ocurrir que por ignorancia, hasta a veces culpable, se nos ofrezcan tesoros de hojalata?
“Va a vender todo lo que tiene”
En ambas parábolas repite la misma frase. Es la decisión que toma el que descubrió el tesoro o la perla, que son lo mismo: el Reino de Dios. Se desprende de todo para comprar el tesoro. En ambos casos lo hace con alegría y rapidez, consciente de lo mucho que está ganando. Así le pasó a san Pablo: “Todo lo considero pérdida comparado con el superior conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por el cual doy todo por perdido y lo considero basura con tal de ganarme a Cristo”. (Filipenses 3,8).
Encontrar a Dios por medio de Jesús es una experiencia tan profunda, tan liberadora y rica que relativiza todas las otras riquezas. Vende “todo lo que tiene”, dice el texto evangélico, porque ante tal descubrimiento es impensable que el afortunado venda sólo una parte de sus riquezas.
Es verdad que se trata de una gracia, pero que Él, Resucitado, quiere regalar a todos. No obstante necesita encontrar un corazón abierto y una tierra fértil donde depositar sus tesoros. El deseo y la oración profunda enseñan cómo hallar el tesoro escondido y la perla de gran valor.
El encuentro con Dios nos transforma con todo lo que tenemos, con todo lo que hemos sido o tenido, con todo lo que pensábamos hacer, ser o tener. Todo envuelto con una infinita gratitud a Dios que nos ha regalado tal fortuna, con la alegría verdadera que nunca se desvanece, con intensas ganas de hacer lo indecible con tal que otros, muchos, descubran también este inmenso tesoro. Respetando la libertad de los hombres, aunque a veces sea para su mal; como hace Dios con gran pena.
Cuando esta decisión no se toma con alegría, sino por obligación impuesta, todavía no se sabe nada del tesoro, está engañado.
Llorenç Tous
Toda la tierra está henchida
de preñez de sementera…
La vida es campo que espera
que lo cruce la mancera…
Y quiero dar en amores
cuanto mi espíritu encierra…
De José Mª. Pemán. Lección de vida.
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