DOMINGO 1º DE ADVIENTO
DOMINGO 1º DE ADVIENTO (B) 27.XI.2011
Comentario a las tres lecturas
“Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti”. 1ª lectura.
La ausencia de Dios, no porque Él se haya ausentado, sino porque “nuestras culpas nos arrebatan como el viento”, es el origen de todos nuestros males. Cuando nos convenzamos de este diagnóstico, ya estamos salvados casi del todo, porque “jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él”.
La lluvia del Espíritu va cayendo sobre los corazones sedientos, abiertos en oración y búsqueda; los que tantean su presencia en el día a día, entre luces y sombras, en los pobres, en los rumores o soledades del corazón.
Adviento es tiempo de oración esperanzada, de valentía para afrontar la enfermedad del alma y encontrar su remedio. El fundamento de nuestra esperanza está en el amor de Dios, nuestro Padre y Alfarero, según el profeta. Él sabe de qué barro nos hizo; su paternidad le exige intervenir; con el próximo nacimiento del Hijo pactó una alianza nueva y eterna con nosotros “¡Y Él es fiel!”. (2ª lectura).
Cuanto más extendido y profundo es el mal o el pecado, más auténtica puede ser la conversión, si tomamos conciencia de él y nos volvemos de verdad hacia Dios. ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! En nuestros tiempos de cambios y retos tan fuertes, la fe y la esperanza pueden salir fortalecidas a condición de que aceptemos la verdad sin rebajas, sin evadirnos, pero al mismo tiempo invocando a Dios para convertirnos a Él con todo nuestro corazón. “Sales al encuentro del que…se acuerda de tus caminos”, ¿cuál de los dos extremos inicia el encuentro y cuál de ellos corre más veloz?
“Lo digo a todos: ¡velad!” (Evangelio).
La falta de fe nos impide ver la realidad desde Dios. Una visión superficial de la vida no permite descubrir en ella la densidad de gracia y presencia de Dios que contiene. Esta advertencia de Jesús en el evangelio de hoy, aparte de la perspectiva escatológica, contiene un mensaje actual, para nuestros días. Seamos conscientes y estemos despiertos, no como los tres apóstoles dormidos en Getsemaní, mientras se iniciaba la pasión de Jesús. Sin duda Marcos tenía una perspectiva escatológica, pues un día el Señor nos pedirá cuentas, pero nuestra respuesta de entonces depende del uso que hagamos ahora de los bienes que nos has dado y de cómo los administremos en bien de los demás.
Intentemos que en este tiempo de adviento, nuestra esperanza nos llene de alegría, ante la seguridad de que la fidelidad de Dios cumplirá su promesa, y desbordará ampliamente con sus bienes inefables, los deseos de los que le buscan sinceramente.
Llorenç Tous
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