2o DOMINGO ORDINARIO B
2º DOMINGO ORDINARIO (B). 15.I.2012
“-Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?”
Después del Ciclo Navideño que se cerraba el domingo pasado con la primera presentación de Jesús en público, bautizado en el rio Jordán, el Año Litúrgico presenta sus primeros pasos llamando a sus seguidores.
Sobre el fondo de la vocación del niño Samuel, hoy Jesús llama a sus tres primeros discípulos. Andrés, su compañero y Pedro. El evangelio de Juan sigue con la llamada de Felipe y por medio de éste, de Natanael.
En todas estas llamadas, también la de Samuel en el A.T., interviene otra persona que prepara el camino a la vocación de Dios. A Samuel le ayuda el Sumo Sacerdote Elí, que en otro aspecto dejaba mucho que desear, por lo cual fue castigado. No obstante, para el niño Samuel fue un instrumento decisivo del que se sirvió Dios.
Para Andrés y su compañero fue decisiva la predicación de Juan Bautista. Éste fue consciente de su papel; no era el Mesías sino el que le preparaba el camino. Para Pedro fue su hermano Andrés quien, lleno de alegría, le contagió su convicción de haber encontrado el Mesías.
En todos ellos hubo una predisposición a recibir con docilidad la llamada de Dios. Samuel estaba consagrado al servicio del templo desde su niñez, por cumplimiento de una promesa de su madre Ana.
Juan Bautista, predicando la conversión a la justicia y a la solidaridad, preparaba los caminos del Señor. Había recibido la luz del Espíritu para discernir su presencia y al verle pasar cerca, la proclamó ante todos sus oyentes. De entre ellos sólo dos dejaron al Bautista y siguieron al nuevo Maestro, porque llevaban latente en su interior la inquietud que formularon así: “Rabí, Maestro, ¿dónde vives?”.
En todos estos casos la llamada de Dios llega a través de personas concretas que actúan como instrumentos en manos de Dios. En todos los llamados hay una disposición previa, latente o trabajada, que sitúa a la persona en actitud de búsqueda; una ansia que se traducirá en docilidad, apenas aparezcan signos de la voz de Dios.
Una vez conectados con Jesús, aunque sea como principiantes, seguirá un proceso de profundización en el conocimiento de las enseñanzas del Maestro; su atracción será cada vez más intensa, sin violentar la libertad; también su cambio de mentalidad y de conducta les irá acercando cada vez más a los pasos de Jesús. Cuanto más acuciante sea la búsqueda, no importa cual sea el motivo, más abierto estará el surco para que el Sembrador deposite en él la semilla de su salvación.
“Él les dijo: -Venid y lo veréis”
También esta respuesta de Jesús tiene actualidad. Al que le busca de verdad, Dios no se hace esperar. Su presencia cercana se hace encontradiza, sorprendente e interpelante. Seguramente pronto o tarde produce paz, pero también puede que dé un vuelco implacable a la casa con todos sus muebles. Sorpresa, nueva luz y exigencia suelen acompañarle. Tal vez con un rosario de detalles tan sencillos y humanos que no parecen capaces de portar consigo mensaje alguno, pero que vistos en conjunto, manifiestan la Providencia amorosa del Padre. Generalmente continúa la táctica del Espíritu sirviéndose de otra o de otras personas. Hasta puede que una aparente casualidad acabe siendo portadora del denso mensaje de la llamada, ahora entre nieblas y más tarde, evidente y salvadora. El Sembrador suele esparcir semillas mucho más pequeñas que sus frutos, pero que necesitan tiempo, riegos, podas y paciencia. Estas semillas salen también de la mano de sembradores que las esparcen a voleo sin darse cuenta, porque su vida se parece a la de san Pablo que era testigo de Jesús y predicador de su evangelio, todo a la vez. “Somos el aroma de Cristo”. 2 Corintios 2, 15.
Dada la actual escasez de vocaciones religiosas, parece que al hablar de “vocación” sólo se piensa en llenar los seminarios y los noviciados. Lamentable error. La vocación primera a la que los llama el Creador, que Jesús nos mostró como Padre, es vocación a la felicidad continuando la creación; para ello nos dio la libertad. No podía Dios regalarnos la vida por azar, menos aún para sufrir; su bondad y su amor sólo pueden intentar la salvación.
Salvación quiere decir tener el sentido de la vida, el porqué de la realidad y un motivo capaz de vivirla con serenidad y esperanza. El que escuchó esta llamada de Dios a la felicidad continuando la creación, que en Jesús se nos ha personalizado, entra en la comunidad de sus seguidores que formamos la Iglesia. En ella tenemos los recursos con los que nos equipan los sacramentos; esta gracia de Dios nos capacita para conseguir el fin para el cual fuimos creados y salvados.
Cuando esta vocación es presentada por los que la viven, produce ganas de seguirla también. Aquí no hay escasez de vocaciones; el que la ha descubierto extiende su llamada. Los que tienen la suerte de escucharla, la siguen con ganas y valentía, arriesgando todo lo que haga falta, porque han descubierto el tesoro escondido y venden todas sus perlas de mucho menos valor. Es la llamada de Dios Padre a ser personas realizadas y felices ya en este mundo.
Llorenç Tous
This article belongs to category: TOUS MASSANET, LLORENÇ




























