4º DOMINGO ORDINARIO B
4º DOMINGO ORDINARIO (B)
“No enseñaba como los letrados, sino con autoridad…cállate y sal de él”
El evangelista Marcos, si quería presentar el mensaje de Jesús, del que creía y confesaba su gloriosa resurrección, no podía dejar de enfrentarle victorioso contra los espíritus malignos; la cultura religiosa de sus comunidades y lectores le exigía este cauce expresivo de su divinidad. Sólo Dios puede vencer al diablo.
Por eso al comienzo de su evangelio y en muchos pasajes del mismo, presenta a Jesús como exorcista. La escena del evangelio de hoy es de una contundencia radiante; se describe una lucha espectacular, con gritos surgidos del abismo; el bien y el mal se enfrentan a muerte, como en un teatro. Jesús vence con una seguridad imperiosa. La escena es presentada como el mensaje salvador de toda la obra de Jesús, el Resucitado, vencedor de todo lo que sojuzga al hombre.
Antes que Marcos, el mismo Pedro había resumido toda la obra de Jesús con estas palabras: “El hecho de Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los sojuzgados por el diablo, porque Dios estaba con él”. Hechos 10, 38.
La actitud de Jesús frente al diablo nos enseña que debemos luchar, como Él, contra todo lo que quita libertad al hombre. Los diablos que hoy sojuzgan al hombre son múltiples: la increencia que mata el natural deseo de Dios, origen y meta de todo, encerrándolo en la inapetencia espiritual; las muertes, enfermedades y otros sufrimientos evitables a condición de una mayor justicia; el orgullo de los poderosos alimentado por la mentira; la medianía cómoda que evita la verdad, cuando resulta punzante; la injusticia legalizada; los escándalos, delitos, incoherencias, violencias de muchas clases; la profanación del amor y de los cuerpos; la ignorancia culpable que deja en un anquilosamiento mental; el miedo y los miedos; etc.
En cada persona el mal se nos presenta con rasgos e historias concretas, todas ellas evidencian el barro del que estamos hechos. De todos los males puede salvarnos Jesús Resucitado, con la fuerza invencible de su Espíritu. Nuestro Salvador puede y quiere vencer todos nuestros males. Nosotros necesitamos descubrirlos, reconocerlos, luchar en contra dentro y fuera de nosotros. Nuestra fuerza está en la unión con Él por medio de la oración, la Eucaristía y la comunidad de cristianos o amigos en la fe. Entre todos podemos hacer eficaces las organizaciones y estrategias programadas; podemos crear otras nuevas ante las nuevas pobrezas y luchas por el Reinado de Dios. El Resucitado está con nosotros todos los días, Él comunica su Espíritu con abundancia. “Dios no da el Espíritu tasado”. Juan 3, 34. Llorenç Tous
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