PENTECOSTÉS
PENTECOSTÉS . 12.VI.2011
El prodigio de Pentecostés del que nos habla la oración de la liturgia de hoy, fue la fe en la resurrección de Jesús que, por la gracia de Dios y su docilidad al Espíritu, creyeron y confesaron los primeros discípulos con María Magdalena y algunas mujeres al frente. Esta fe y esta gracia fue el principio de su transformación que les convirtió en testigos convencidos, coherentes y contagiosos.
Éste hecho nos marca el rumbo y la meta. Consta de dos partes: la confesión de los testigos, mujeres y hombres, y la gracia del Espíritu Santo. Ésta nos la muestran estas palabras de Jesús: “Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: -Recibid el Espíritu Santo”. Evangelio de hoy.
El poderoso aliento de Dios infundió la vida en las narices de Adán y convirtió aquel barro en una persona. El evangelista nos muestra a Jesús, Creador del hombre nuevo transfundiéndole su Espíritu. El barro de Adán no podía ni crear ni rechazar la vida. Nosotros sí, podemos rechazarla o conformarnos con una vida que tiene la paz de los cementerios.
Ezequiel por orden de Dios pronunció este conjuro sobre un valle todo lleno de huesos: “ De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan”. Ezequiel 37,9.
Donde la muerte en forma de anemia está corrompiendo la Iglesia y por ende la imagen que ésta da de Jesús y de su mensaje, se necesita el milagro que Ezequiel cumplió por orden de Dios.
José Mª. Díez Alegría escribió este diagnóstico de la situación actual :“El secuestro ha consistido en quitar de en medio a Jesús para poner en su lugar a la Iglesia. Lo quitó de en medio la Iglesia, pero a la operación han ido contribuyendo, a través de la historia, sobre todo los jerarcas y, en general, los “hombres de iglesia”.
Naturalmente el secuestro se ha realizado con guante blanco. Un poco como esos secuestradores (alguno ha habido) que tratan a cuerpo de rey al secuestrado.
El Señor está sobre las nubes, en un retiro celeste. Lo que cuenta en la tierra es la Iglesia. A Jesús lo tienen los “hombres de iglesia”. Y hay que ir a ellos para tener a Jesús. (Que luego, en el fondo, casi no es llegar, porque los hombres de iglesia están siempre al acecho para decirte que ellos dominan tu relación con Jesús, y te lo quitan si tu no haces lo que a ellos les dé la gana).
Yo no digo que la acción de secuestrar haya sido hecha de mala fe. Habrá habido algo de mala fe, quizas larvada, en algunos o en muchos. Y habrá habido en otros, a lo mejor en muchos o en muchísimos, perfecta buena fe. Pero el secuestro está ahí ”. Cfr. José María Díez Alegría, la fuerza de la resurrección. Madrid 2010. Nueva Utopía. p. 59-60.
Ante esta situación necesitamos todos el don de inteligencia para percatarnos de la dura realidad, aceptarla sin componendas y emprender el camino de VOLVER A JESÚS. Para caminar por ese atajo necesitamos el don de fortaleza, porque buscar a Jesús exige liberarse, perder seguridades, lavar mentalidades no evangélicas aunque aparentemente razonables, sufrir silenciosas persecuciones y sobre todo, orar mucho con humildad. Afortunadamente también hoy tenemos buenos libros y buenas personas que nos sirven de referente. Sobre todo tenemos el gozo y la seguridad que vamos conquistando . Por encima de todo nos salvan las palabras de Jesús que también los peregrinos de la fe podemos apropiarnos: “ Yo estoy con vosotros todos los días.”
Llorenç Tous
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